La policía canadiense confirmó la muerte de los siete tripulantes de un Boeing 747 de carga de la compañía Ghania MK Airlines que se estrelló ayer en Halifax cuando iniciaba el despegue en ese aeropuerto para transportar marisco con destino a Zaragoza, e indicó que todavía no se ha descartado la posibilidad de un atentado terrorista. Joe Taplin, agente de la Policía Montada, declaró que los agentes estaban investigando informaciones iniciales que hablaban de una explosión. Bill Fowler, del Consejo de Seguridad en el Transporte (TSB), señaló que no tenía «ninguna información formal que sugiera que ha habido explosiones» pero advirtió que, «al inicio de las investigaciones, hay especulaciones». Fowler añadió que TSB «había podido realizar una observación desde el aire de la ruta del avión, que procedía de Nueva York, y que muestra una extensión desde la pista central con indicaciones de la nave dejando huellas hasta el punto de impacto». Fowler también dijo que además de su agencia, investigadores británicos y de algún otro país por determinar participarán en las indagaciones para determinar las causas del accidente. Las primeras informaciones indican que los siete tripulantes eran de Zimbabue, Sudáfrica y el Reino Unido. Steve Bone, del organismo público Transporte Canadá, indicó que la compañía -basada en Ghana y con oficinas en Londres- «estaba certificada de forma apropiada» para volar desde el aeropuerto de Halifax y que comprobarán que cumplía las condiciones de la certificación. Pat Chapman, portavoz del aeropuerto de Halifax, indicó que el accidente causó la cancelación o retrasos de 17 vuelos tras el cierre inicial de las dos pistas de aterrizaje del aeropuerto. Imágenes mostradas por la televisión pública CBC muestran el avión, que estaba cargado con unos 200.000 litros de combustible, totalmente destruido y con los restos esparcidos en un gran área, pues al salirse de la pisa se estrelló contra un bosque.