George W. Bush no podía evitar darle la mano a John Kerry para empezar y finalizar el debate, pero sin duda era consciente de que el gesto no debía durar mucho
01 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.George W. Bush no podía evitar darle la mano a John Kerry para empezar y finalizar el debate, pero sin duda era consciente de que el gesto no debía durar mucho: el demócrata le saca una cabeza y no hay nada peor, según los asesores de imagen, que parecer bajito frente a un rival. De ahí que sólo se les viera juntos durante breves segundos, aunque los asesores del presidente debieron de olvidarse de explicarle que mucho peor que parecer bajo frente al enemigo es convertir el rostro en el espejo del alma y dejar que el público sintiera el desasosiego interior que Bush sentía ante los ataques de Kerry. A pesar de que las televisiones en un principio se habían comprometido a no mostrar las reacciones de cada uno de los candidatos mientras el otro hablaba, finalmente se opusieron a esa normativa, y, según el color de cada cadena, se ensañaron más o menos con ellos. La cadena Fox, de tendencia claramente ultraconservadora, apenas mostró las caras de disgusto del inquilino de la Casa Blanca, que se repitieron sin cesar durante los 90 minutos que duró el debate. Pero para quienes quisieron tener una visión total de la situación, se podía ver la cadena pública C-span, que mantuvo la pantalla partida en dos con la imagen de ambos candidatos durante todo el debate. Las expresiones de Bush fueron tan cómicas que el programa de televisión The Daily Show de John Stuart, una especie de Caiga con caiga nortemericano seguido por los jóvenes de todo el país, pudo ofrecer gracias a él uno de sus mejores espectáculos. La anécdota de la noche la pusieron Laura Bush y Teresa Heinz Kerry, ambas vestidas de impóluto blanco y con faldas exactamente de la misma largura.