Bush en las «santas nubes»

INTERNACIONAL

ALADIN ABDEL NABY

Análisis Los fracasos se acumulan en Irak a pocos días de la comparecencia del presidente de EE.UU. y Iyad Alawi ante la Asamblea General de las Naciones Unidas

18 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

El veterano periodista Owen Bennett-Jones no necesitó acudir la semana pasada a los métodos de la prisión de Abu Ghraib. La BBC tiene formas de arrancar la verdad que son quizá más eficaces y desde luego más aceptables moralmente. En su entrevista a Kofi Anan, éste, acosado, acabó pronunciando la palabra que quería evitar a toda costa: «ilegal», la guerra y ocupación de Irak fueron y son ilegales de acuerdo a las resoluciones de la ONU y su Carta fundacional. Inevitablemente, esa palabra flotará la semana próxima como un incómodo zepelín sobre la Asamblea General de las Naciones Unidas cuando se dirija a ella Bush, quien, haciendo campaña el viernes en St. Cloud (topónimo que se podría traducir por la Santa Nube) flotaba a su vez en un vapor de fantasía política: «Habrá elecciones en Irak en enero», dijo; «entrenaremos a los policías iraquíes y nos iremos a casa», repitió Bush, casi en el mismo momento en que esos mismos policías iraquíes recogían en cajas de cartón los restos de trece compañeros despedazados por un coche bomba, el segundo en una semana antes del tercero, que fue ayer. El cirujano Alawi Precisamente el jefe de esa policía, Iyad Alawi, también intervendrá en la sesión de las Naciones Unidas. Bush dijo a su audiencia de St. Cloud estar ansioso de que le oigan. Y posiblemente Alawi también esté ansioso por tener un aparte con Bush. El primer ministro, cuya profesión de cirujano podría serle a este paso más útil que su cargo, le informaría entonces de que se le percibe cada vez más como un títere de Estados Unidos y que él mismo no tiene una gran prisa porque haya elecciones en enero (le barrerían del mapa). Le informará, quizá, también, del contenido del informe que la propia CIA preparó para Bush en julio y que él parece no haberse leído, ahí donde se ofrecen tres alternativas para el futuro de Irak, a cada cual menos ilusionante: «inestabilidad persistente, desintegración o guerra civil». Así están las cosas año y medio después de la guerra. Por ello, no es de extrañar que incluso los senadores republicanos resientan la petición de Bush de destinar a seguridad más dinero de los fondos para reconstrucción, 18.000 millones de dólares de los que se han gastado menos de mil millones. A esta inversión en seguridad habría que añadir los mil soldados norteamericanos muertos, importe todavía más gravoso para los iraquíes, con sus entre 12.000 y 14.000 muertos. Esta al menos es la estimación de iraqbodycount.org, cuya página web también se estaba actualizando poco después de que Bush terminase de hablar en St. Cloud, al tener que sumar entre 40 y 60 civiles más, muertos en el bombardeo norteamericano de Faluya, un hecho del que habrán sido testigos las dos cooperantes italianas secuestradas, y que se sospecha que están allí. Si es que viven para contarlo, lo mismo que los otros ciento y pico rehenes de la resistencia o el bandidaje, según los casos, otra problema creciente. En medio de todo esto, a Bush se le escapaba la única buena noticia: Ayer, Iraq Airways, la compañía aérea iraquí, reanudaba sus actividades con un vuelo a Amán. Es todo un hito, puesto que en cartorce años se trata del primer avión que cruza el espacio aéreo iraquí con intenciones pacíficas. El precio del billete: 750 dólares. Hasta marcharse de Irak, habrán pensado muchos, es ahora más caro.