Una vez más contra la pared, el primer ministro británico Tony Blair, afronta esta semana dos retos de órdago que pueden comprometer seriamente su carrera política. El primero, la votación de mañana por la tarde sobre la subida de las matrículas universitarias, un proyecto de ley que lo ha enfrentado a buena parte del grupo parlamentario laborista. A día de hoy, el Gobierno no cuenta aún con los votos suficientes como para evitar una humillante derrota en la Cámara de los Comunes. El segundo, de más calado, se producirá horas más tarde, el miércoles por la mañana, cuando el juez Brian Hutton presente las conclusiones de su larga investigación sobre la muerte de David Kelly, el científico que, aparentemente, se suicidó después de declarar a la BBC que el Gobierno exageró la amenaza iraquí para justificar la guerra. El telón de fondo de esta investigación lo acaba de poner el jefe de los inspectores de Estados Unidos en Irak, David Kay, quien el viernes dimitió de su cargo diciendo que, después de meses de búsqueda, no creía que en el país invadido hubiera armamento alguno de destrucción masiva. Por lo que a la votación del martes se refiere, Blair y sus aliados políticos estarán hasta el último minuto movilizados para ganar el pulso a los disidentes. Lo que sostiene el primer ministro es que las universidades británicas, muy necesitadas de fondos, sólo pueden mejorar de calidad cobrando a sus estudiantes hasta unos 5.000 euros al año de matrícula. Blair ha dicho que se juega su autoridad en esta votación. Si la pierde, no le quedará otra que retirar el proyecto de ley y pedir, uno o dos días después, la confianza del Parlamento. El miércoles, con o sin resaca de la noche anterior, lord Hutton presentará las conclusiones del caso Kelly. La presunta responsabilidad de Tony Blair en este asunto es haber autorizado la identificación pública de Kelly. En una entrevista que publicó ayer The Observer, Blair aparecía confiado, tozudo y decidido a seguir adelante con su arriesgada política de llevar hasta el límite todas y cada una de sus convicciones. Debe dimitir Una mayoría de británicos, un 56%, se muestra partidario de que el primer ministro Tony Blair dimita si se prueba que él mismo o su Gobierno se comportaron mal frente a David Kelly. Según otra consulta, hecha por el instituto ICM y publicada el martes por el diario The Guardian , el 48% de los interrogados están convencidos de que Tony Blair miente cuando afirma que él no autorizó la fuga de información que permitió que el nombre de Kelly fuera revelado.