Liberia, un país deshecho por 14 años de guerra civil El primer cargamento de ayuda humanitaria llegó ayer a un estado en el que no hay dinero, empleo ni alimentos
15 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.El primer barco de ayuda humanitaria que entró ayer en el puerto de Monrovia se encontró con un Estado a la deriva, un país destrozado por 14 años de guerra casi ininterrumpida, sin servicios públicos y donde el desempleo afecta a un 85% de la población. Esta es la pesada herencia que deberá resolver, con la ayuda internacional, el nuevo mandatario liberiano, Moses Blah. El ahora ex presidente Charles Taylor tuvo que ceder el poder el lunes pasado, presionado por los rebeldes, por la Comunidad Económica de Estados de Africa del Oeste (CEDEAO), por Estados Unidos y por la ONU, dejando atrás un país donde las pocas estadísticas de las Naciones Unidas son suficientemente elocuentes: el 80% de los aproximadamente 3.200.000 liberianos viven con menos de un dólar por día -el umbral de la pobreza, una noción completamente virtual en este país- y la mitad con menos de medio dólar diario. En cuanto a los raros civiles que tienen la «suerte» de tener un empleo, la mitad solamente cobraba su salario regularmente. Era difícil, en esas condiciones, sobrevivir en Monrovia. Después de la nueva ofensiva lanzada a mediados de julio pasado por los rebeldes del movimiento de Liberianos Unidos por la Reconciliación y la Democracia (LURD), que controlaron el noroeste de la capital y su puerto hasta el jueves -vital para el envío de víveres- el precio del arroz había llegado a cifras impresionantes en la zona que quedaba bajo control gubernamental: 100 dólares liberianos el cuarto de libra. Tres semanas antes, sólo costaba 15, mientras que la tasa de cambio de la moneda nacional perdía un 28%. Al mismo tiempo, la demanda era cada vez más fuerte, a medida que la violencia arrojaba a unos 450.000 desplazados a las calles, casi la mitad de la población de Monrovia. En la capital, como en el resto de país, las infraestructuras ruteras y portuarias están abandonadas, los servicios públicos agotaron sus recursos hace mucho y los funcionarios, mal pagados o no pagados, adoptaron un ritmo de trabajo aligerado: en general, dos o tres horas de presencia matinal. En el norte del país, los agricultores, obligados a huir con cada nuevo ataque rebelde o gubernamental, se resignaron desde hace tiempo, y hoy ya ni siquiera es posible encontrar una gallina para comer. Incluso con un presupuesto que acordaba cerca de un 60% de sus recursos (70 millones de dólares estadounidenses en 2003) a «la guerra y la seguridad nacional», numerosos militares pro-gubernamentales estaban sin blanca. Los soldados del ejército regular, las Fuerzas Armadas de Liberia, de las cuales se enorgullecía Taylor, no recibían sus sueldos desde hacía meses, y los miles de milicianos se lo cobraban solos, con pillaje y atracos. Sin embargo, Liberia posee algunas riquezas: los diamantes del Lofa septentrional, objeto de todos los deseos durante la guerra, son un ejemplo. También los barcos que enarbolan pabellones de conveniencia -1.800 navíos, entre ellos un 35% de la flota petrolera mundial-, que hacen entrar a las cajas del estado un promedio de 13 millones de dólares cada año. Esto, sin olvidar las maderas más o menos preciosas, cuyo tráfico ilegal, a pesar de las sanciones impuestas en mayo del 2001 por la ONU, servían para financiar el régimen de Taylor, y que desde julio pasado se hallan bajo un embargo internacional. Precisamente en Monrovia, reunificada ayer por la reapertura del puente principal que la unía a su puerto, miles de desplazados se lanzaron en búsqueda de sus parientes y de alimentos, mientras que, para tratar de acelerar la normalización del país y comenzar rápidamente con un proceso de reconstrucción tras 14 años de guerra civil, el representante de la ONU, Jacques Paul Klein, expresaba su deseo de ver estas sanciones rápidamente anuladas. En el puerto, abandonado por el LURD y reabierto ya el jueves gracias al despliegue de la fuerza de paz oeste-africana (Ecomil), amarraba ayer un barco fletado por el Alto Comisionado de la ONU para los refugiados (HCR). Cargado de ayuda humanitaria, la embarcación se unió al primero en llegar, un navío del Programa Alimentario Mundial (PAM). Refuerzos militares estadounidenses habían llegado asimismo al aeropuerto de Monrovia para asistir a esta fuerza africana y controlar la situación. Mientras, el sucesor de Taylor, Moses Blah, proseguirá este fin de semana sus conversaciones en Accra con los movimientos rebeldes. En la agenda: la formación de un Gobierno interino encargado de asegurar la transición hasta el fin del mandato presidencial, el 14 de octubre próximo.