La verdad sobre el uranio de Sadam

Íñigo Domínguez ROMA

INTERNACIONAL

Crónica | Chapuza de espías en Roma Un embrollo de agentes italianos se perfila como el origen del falso informe sobre el programa nuclear de Irak que Bush incluyó en su discurso al estado de la Unión

16 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Parece que los graves apuros de George W. Bush por haber deslizado una mentirijilla en sus discursos podrían haber nacido de una gloriosa acción de los servicios secretos italianos, a quienes un diplomático de Níger endosó un dosier falso a cambio de un dineral. En teoría, estos documentos probaban que este país africano vendía uranio a Irak para fabricar armas nucleares. En la práctica, el recorrido de las cartas, publicadas ayer por La Repubblica, permite seguir un cúmulo de despropósitos que culminan cuando Bush usó esos datos en su solemne discurso del estado de la Unión del 28 de enero. La culpa es de esas famosas 17 palabras que el presidente de EE.?UU. leyó en su lista de motivos para atacar a Irak: «El Gobierno británico ha averiguado que Sadam Huseín ha tratado de comprar recientemente significativas cantidades de uranio en África». Cuando el OIEA, organismo de la ONU que controla la energía atómica, declaró que esos documentos «no eran auténticos» se abrió la carrera de los pretextos. ¿De dónde salió ese dosier falso? Bush le echó la culpa a la CIA, la CIA a los servicios secretos británicos y éstos, a «un tercer país». Londres decidió cortar la cadena de excusas y no revelar su nombre, pero la reconstrucción de los hechos completada por la prensa italiana y extranjera señala a una chapuza forjada en Roma. Según lo revelado ayer, el servicio secreto militar italiano (Sismi), habría comprado seis documentos entre octubre y noviembre del 2001 a un diplomático africano en Roma. La Embajada de Nigeria era vigilada desde hacía una década y, según La Repubblica, el confidente, consciente de esta situación, la aprovechó para engañar a los italianos. Como primer informe les mostró uno que sabía que ya conocían por sus interceptaciones, de manera que los agentes del Sismi creyeron en su fuente. Sin embargo, los otros cinco eran falsos. Es más, no eran ningún prodigio, pues los sellos del escudo nacional estaban recortados y fotocopiados y la firma de una carta era de un ministro equivocado. Otro dato sirvió para hacer morder el anzuelo a los italianos. La Nochevieja del 2000 hubo un extraño robo en la embajada. En realidad los ladrones no se llevaron nada, pero fue una tapadera para explicar una hipotética fuga de documentos. El Sismi, con fuertes reservas internas, habría pasado el dosier al M16 británico a finales del 2001 y la CIA verificó en febrero del 2002 que la historia era falsa. El director de la agencia, George Tenet, ordenó suprimir la mención a esta falsa prueba en un discurso de Bush en octubre, pero volvió a reaparecer después. Según el ex jefe de antiterrorismo de la CIA, Vince Cannistraro, la inclusión se debió al vicepresidente Dick Cheney, que «intentaba buscar el apoyo de la opinión pública, porque la decisión ya había sido tomada». «No es culpa de los italianos, ellos transmitieron lo que tenían». Sin embargo, el Gobierno de Berlusconi, temeroso de pagar el pato, niega incluso eso. «No hemos mandado nada a nadie. Tenemos la conciencia tranquila», dijo ayer su ministro de Exteriores, Franco Frattini. Londres se quiso desmarcar de la «película de espías» y dice ahora que sus pruebas son distintas. Ayer, el OIEA dijo que quiere verlas. Tenet y Blair Tenet, que ayer compareció ante el Senado de EE.UU., parece ser el encargado de salvar la cara a su presidente. Pero, según se vaticina en los pasillos de Washington, cada vez es más probable que pierda la cabeza en el intento. Mientras, Tony Blair clausuró las sesiones de la Cámara de los Comunes hasta después de las vacaciones con una agria sesión, en la que fue acusado de nuevo de engañar para justificar la invasión de Irak.