Crónica | Los argentinos regresan a hábitos de consumo de hace veinte años El «Fitito», como llaman en Buenos Aires al coche que revolucionó la España de la década de los 60, vuelve a circular por las calles de un país que intenta recuperarse
10 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Hasta diez Seiscientos conté ayer en un viaje de 20 minutos en coche por el extrarradio de Buenos Aires. Era un salto a la infancia. Cada niño se pedía un coche y apuntábamos en un marcador cuántos pasaban por delante de la ventana. Muchos modelos de la Argentina de hoy son los de la España de los 70, los Renault 5 y 12, el Dos Caballos, Dyane 6 y, sobre todo, el 600, que aquí es el original, no el de la Seat, sino de la Fiat. La crisis los ha devuelto a un asfalto que comparten con vehículos último modelo, como el Ford Focus, el Peugeot 306 o los monovolúmenes Ford y Chrysler de cristales tintados. Es una metáfora de la Argentina de hoy, una nación dual. Parte de la población ha regresado a hábitos de consumo de hace veinte años, mientras una minoría privilegiada vive aún mejor que antes. También es un símbolo de un intento colectivo de recuperarse, de adaptarse a las circunstancias, de aplicar el ingenio para resucitar las viejas mecánicas. De resurgir desde abajo, dejando al margen la soberbia que tradicionalmente se les ha atribuido a los habitantes de un país que hace sólo un siglo estaba entre los cinco más prósperos del planeta. Desde que en enero del 2001 viajé por primera vez a Argentina, el parque móvil siempre me llamó la atención. En la periferia de Buenos Aires veías camionetas de treinta o cuarenta años, como en La Habana. La mayoría de los coches que circulaban por el centro tenía ya muchos cambios de aceite acumulados. Esta vez me encontré con la sorpresa del resurgir del Seisciento, seguramente el coche con mayor valor sentimental para un español. Quién no ha probado su doble o triple fondo, hacinándose con otros siete u ocho niños. Quién no ha sufrido uno de sus dos grandes defectos de fábrica (el sobrecalentamiento, que se une a los fallos de la transmisión) y lo ha resuelto esperando a que se enfríe y echándole agua. En la montaña lucense era frecuente tener que empujarlo por las cuestas para liberarlo de su fatiga de escalador del Tourmalet. «Cada día se ven más. La gente los está recuperando porque apenas pagan impuestos, si es que los abonan, los repuestos son muy baratos y consumen muy poco», me explicó un taxista de Avellaneda. Algunos fueron al fondo de los garajes de sus viviendas unifamiliares del extrarradio, parecidas a las clásicas viviendas de clase-media baja de las películas norteamericanas, y sacaron el 600 que habían almacenado por afán coleccionista o porque el que guarda siempre tiene. Otros, lo compraron en el activo mercado de segunda mano. Depende del estado de conservación y del año de fabricación, pero en Buenos Aires es posible comprar uno en buenas condiciones por 400 euros, según los taxistas. En el 2002, la venta de coches nuevos en Argentina fue la más baja desde 1961. El tráfico en el centro de Buenos Aires descendió hasta niveles nunca vistos en décadas. Adquirir un «auto 0 kilómetros», como llaman aquí a los turismos nuevos, era un lujo, pero mantener otro reciente casi resultaba peor. Seguros, impuestos, recambios y reparaciones hundía las economías de familias «acorraladas» por los bancos. «Los repuestos de los 600 son baratísimos. Es pura mecánica tradicional y los argentinos somos maestros en desarmar y armar motores», me contó un nieto de coruñeses. Reliquias En 1951, cuando del puerto de Vigo salían a diario trasatlánticos cargados de emigrantes, el Fiat 600 comenzó a circular por Italia. A España llegó en 1956 y dejó de fabricarse en 1973. A Argentina arribó más tarde, en 1960, y siguió naciendo en las cadenas de montaje hasta 1982, un síntoma de la decadencia del país. En 1986 salió el último Seiscientos de una fábrica yugoslava. Ahora en Argentina resurge como la Coca-Cola de vidrio, que el año pasado sustituyó al envase «pet» (plástico) para reducir costes. Muchos argentinos han cambiado el aceite de oliva por el de soja, y los viajes a Miami y Cancún, por los de Mar de Plata. No obstante, en los últimos meses los restaurantes han vuelto a llenarse. La recuperación económica que a finales del 2002 ya alcanzó a las capas más acomodadas, se va extendiendo al resto de la población. Despacio. Como el Seiscientos.