La caída de «Alí, el Cómico»

Manuel Allende CORRESPONSAL | LONDRES

INTERNACIONAL

Crónica | La detención del ex ministro de Información de Sadam Huseín El Pentágono ni confirma ni rechaza la captura de Mohamed Said al Sahaf anunciada por el diario británico sensacionalista «Daily Mirror»

25 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

El ex ministro de Información iraquí Mohamed Said al Sahaf ha caído. Así lo aseguró ayer el Daily Mirror, citando una fuente de alto rango de la coalición angloamericana. Según el diario sensacionalista británico, las tropas estadounidenses habían capturado al que fue acompañante omnipresente de los periodistas destacados en Bagdad durante la guerra de Irak. La noticia no fue confirmada ni rechazada por el Pentágono, que no lo incluye en su lista de los más buscados. The Daily Mirror asegura que la detención se produjo el lunes por la noche. Un control militar americano paró el vehículo en el que viajaba el ex ministro al norte de la capital iraquí. Los soldados le reconocieron al instante porque habían visto su cara en muchos informativos de la CNN. Los mandos norteamericanos le evitaron el bochorno de ser esposado. Por eso, le permitieron regresar a su casa-madriguera donde le esperaba su mujer Lamia, sus hijos Ziad e Isaam y su hija Thefaf. Mohamen Said al Sahaf, a quien le apodaban Alí, el Cómico por sus falsedades sobre la guerra, empaquetó su cepillo de dientes y su máquina de afeitar y fue escoltado por los soldados hasta un lugar secreto donde está siendo interrogado. No opuso resistencia. Alí el Cómico pasó a ser durante las semanas de la ocupación aliada el hombre más emblemático del régimen de Huseín, la imagen de un castillo de mentiras que como uno de naipes cayó con un simple soplo. Si su labor al frente del Ministerio de Información fue patética, también lo fue la manera en la que reaccionó cuando entraron las tropas norteamericanas en Bagdad. Los bulos sobre su posible suicidio, algo que era visto con reverencia entre los fieles al antiguo régimen, fue otra de sus intoxicaciones mediáticas, posiblemente la más lograda de todas las que realizó durante el tiempo en el que fue titular de la cartera de Información. Ni se suicidó, ni dio la cara ante los tanques norteamericanos. El día que entraron las tropas aliadas en Bagdad, el bufón particular de Sadam Huseín cambió sus ropas de guerra por un Lacoste y un pantalón vaquero, tiró las llaves de su Mercedes al ríoTigris y se refugió en la casa de un pariente. Allí pasó casi dos meses dedicado a sus hobbies preferidos: ver la televisión por satélite (prohibida por Sadam) y beber whisky. Sólo unas horas antes había asegurado ante una nube de periodistas que «en Irak no hay americanos, se van a rendir o serán enterrados dentro de sus tanques». Sadid al Sahaf fue el altavoz de los embustes que suelen acompañar a todos los regímenes totalitarios. Sus comentarios ante las cámaras de la televisión de todo el mundo negando la presencia el avance de los ocupantes hacia Bagdad o la caída del aeropuerto internacional se hicieron muy populares en Occidente. Tanto que se convirtió en una nueva estrella en Internet. Club de fans En Londres, durante esta primavera incluso se pusieron a la venta camisetas con su imagen y un bocadillo en el que se podía leer «We are winning» (estamos ganando). Fue un embuste tras otro, mientras Bagdad caía en manos norteamericanas. Quizá por su seriedad o tal vez por la frialdad con la que aseguraba y ratificaba sus falsedades, su popularidad fue creciendo. Una web suya, probablemente lanzada por sus admiradores, quedó colapsada al recibir más de 4.000 entradas por segundo.