ENRIQUE IBÁÑEZ ANÁLISIS
22 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Una vez más la perspectiva de paz en Colombia, esta vez después de más de tres años de diálogos y negociaciones, se volatilizó y el país entero se ha sentido burlado. El primero en mencionar la palabra «burla» fue Andrés Pastrana cuando anunció de madrugada el fin de las negociaciones de paz que su Gobierno emprendió en 1999 con las FARC. La «buena fe» del Gobierno, según algunos, traducida por otros en «debilidad», efectivamente ha sido burlada, y no precisamente ahora, sino que la guerrilla, durante todo el proceso, apenas ha ofrecido indicios de tener voluntad seria de ceder en algo, de negociar en serio. Y si el Gobierno y los colombianos se han sentido burlados, no menos sorprendidos se tienen que sentir los representantes de la comunidad internacional -los llamados «países amigos»-, Naciones Unidas y el clero católico. Gobierno y FARC se felicitaron el pasado 20 de enero cuando pusieron fin a la semana más crítica del proceso de paz, felicidad que manifestaron con entusiasmo los representantes internacionales, pero la población, que no veía cumplidas en ese acuerdo sus expectativas y entendía que era dar tiempo hasta el relevo presidencial -el mandato de Pastrana termina el 7 de agosto-, lo vio con desconfianza. Los hechos parecieron dar la razón a los escépticos porque las acciones de las FARC, desde entonces, se intensificaron, y según Pastrana, en los últimos 30 días la guerrilla perpetró más de «cien actos terroristas».