Asociaciones de derechos humanos denuncian que en 27 meses han muerto 30.000 soldados mientras las bajas civiles serían el doble «A los extremistas hay que aniquilarlos». De esta forma drástica el primer ministro del Gobierno prorruso de Chechenia, Stanislav Iliásov, pedía el jueves al Ejército federal que aplaste a la guerrilla separatista. El jefe del Estado Mayor, general Anatoli Kvashnín, afirmaba que las tropas rusas han acabado con «las mafias de bandidos» chechenos. Sólo quedarían, según él, «grupos aislados de mercenarios financiados desde el exterior». Pese a la declaración triunfalista, la guerra sigue en Chechenia sin que a la comunidad internacional parezca importarle. Organizaciones civiles de defensa de los derechos humanos y asociaciones de madres de soldados denuncian que en 27 meses de conflicto al menos 30.000 militares rusos han muerto y que las bajas civiles serían el doble.
13 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Después de los atentados del 11 de septiembre, que marcaron una nueva etapa de histórica cooperación entre Moscú y Washington en materia antiterrorista, Rusia tiene licencia para aniquilar al movimiento independentista checheno. Putin fue el primer jefe de Estado extranjero que llamó por teléfono a George Bush para ofrecerle la participación de su país en la coalición antiterrorista. Una vez más, el oscuro ex agente del KGB convertido en presidente mostraba una gran habilidad táctica al hacer suyo inmediatamente el discurso de Washington: la máxima prioridad es luchar contra el terrorismo y, lo más urgente, acabar con el islámico. Y, por tanto, con el checheno. Luz verde a la guerra sucia De esta forma obtenía la complacencia de EE UU en la guerra sucia que padece la población civil y en la que emplea la tortura generalizada, las ejecuciones sumarias, las desapariciones y los secuestros y bombardea con artillería pesada las ciudades. Sin embargo, la situación es tan alarmante que el Gobierno norteamericano se ha visto obligado a reaccionar ante la «cifra de informes creíbles sobre violaciones masivas de los derechos humanos que contribuye a un ambiente favorable al terrorismo», en palabras del portavoz del Departamento de Estado, Richard Boucher. Washington pide que se abra la vía del diálogo. Sin embargo, el jefe del Estado Mayor, Anatoli Kvashnín, excluía el jueves cualquier tipo de negociación y afirmaba que «no habrá contemplaciones con los bandidos». Esta posición muestra el vuelco en la posición de Moscú, ya que el presidente Putin había invitado el pasado mes de septiembre a los rebeldes a negociar el desarme y su reinserción social La supuesta presencia, no confirmada, de chechenos luchando en las filas de Al-Qaida, al lado de árabes y paquistaníes en Afganistán, es una baza que también ha jugado el Kremlin para justificar sus operaciones en Chechenia. Aunque la posición oficial rusa es que la guerra está a punto de terminar, algunos expertos en defensa independientes no comparten esa opinión. Así, Pavel Felgenhauer escribe un análisis en The Moscow Times que titula significativamente «La brutalidad no es al solución» y en el que asegura que «la victoria en Chechenia parece ahora tan lejos como siempre». Felgenhauer mantiene que los métodos brutales pero exitosos de las tropas estadounidenses en Afganistán han sido una inspiración para los generales rusos. Si a los soldados de EE UU se les ha permitido matar a cientos de civiles inocentes por error, causar el hambre de la población y destruir deliberadamente instalaciones de la Cruz Roja Internacional, ¿por qué recriminárselo a los rusos? «La pura brutalidad no puede detener las rebeliones y es particularmente contraproducente en la lucha contra terroristas», concluye el analista.