REGRESO AL FUTURO

LUIS VENTOSO

INTERNACIONAL

Estados Unidos necesitó 62 días de bombas para acabar con los talibanes Tras 62 días de durísimos bombardeos, el Ejército de Estados Unidos, el más poderoso de la historia, derrotó ayer a los talibanes, una milicia de 40.000 hombres que había sumido a Afganistán en la Edad Media. El país regresa al futuro. Atrás quedan normas tan anacrónicas como las prohibiciones de hacerse un te, volar una cometa o escuchar música.

07 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

TRAS la toma de Kabul, el 13 de noviembre, se divulgaron imágenes inéditas de afganos liberados jugando al fútbol en el polvoriento Estadio Nacional. En contra de lo que se cree, los talibanes (que lo prohibieron todo) sí permitían el balompié. Aunque a su manera: los deportistas no podían mostrar los pelillos de las piernas y el público debía guardar estricto silencio. Además, el fútbol va asociado en Kabul a recuerdos truculentos. En ocasiones, el régimen convocaba a la ciudadanía a un gran partido en el Estadio Nacional... y una vez allí, los aficionados se encontraban con una sesión de linchamientos públicos y quema de televisores pecadores. Una campaña rápida Ayer hubo tiros y pillaje en Kandahar, la cuna talibán. Pero también volvió a sonar la música, algo insólito en una ciudad que el mulá Omar había sumido en un silencio medieval desde que la conquistara en 1994. El espigado general Franks puede jactarse de una campaña rápida y eficaz: 63 días de (brutales) bombardeos han bastado para barrer a un régimen insólito. Sólo se han necesitado 16 días más de contienda que en la Guerra del Golfo de 1991 y se han empleado diez días menos de los que necesitó la OTAN para batir a Milosevic hace tres años. La guerra televisada -censurada como nunca- no ha sobresaltado a América. Estados Unidos sale del Vietnam ruso con un parte de bajas mínimo: tres boinas verdes muertos por fuego amigo (una bomba mal llamada inteligente), un agente de la CIA caído en el sangriento motín de Mazar-i-Sharif y un soldado fallecido en maniobras. Más lacerante es el parte local: el primer balance habla de 10.000 afganos muertos. En este día de la victoria, parece también claro que los poderes del enemigo se magnificaron: Omar contaba con unos 40.000 milicianos asilvestrados y sólo un millar de obsoletas piezas de artillería. La banda se desmoronó cuando empezó a llover fuego: sobre los turbantes negros de los guerrilleros talibanes cayeron bombas de hasta 5 kilotones (1/3 de la bomba atómica de Hiroshima). Muchas de las heróicas conquistas de la Alianza fueron en realidad un picnic tras el paso de los B-52. La guerra deja anécdotas reveladoras. En sus primeras ofensivas, algunos de los muyaidines de la Alianza iban en chancletas. Cuando los talibanes supervivientes a las bombas replicaron con disparos, la mitad de un grupo se dio la vuelta despavorido entre gritos perplejos de sus mandos. Sesenta años después La guerra no ha terminado. Resta el objetivo real: cazar a Bin Laden. Pero ayer, justo en el día en que se cumplía el 60 aniversario de Pearl Harbor, dejaron de existir los talibanes. Aunque la burka y el menosprecio hacia la mujer son parte de la tradición de las tribus pastunes, el catálogo de prohibiciones de los talibanes ronda la demencia. En Kabul se levanta aún el siniestro Ministerio de Prevención del Vicio y Promoción de la Virtud. Un taxista de 19 años ha contado que hace sólo dos meses se pasó dos semanas enjaulado allí por poseer un casete musical. Una vez en la celda, recibió seis latigazos al ser sorprendido haciéndose un te. La lista de lo vedado es ridícula: el ajedrez, la tele, la ropa occidental, el trabajo femenino, las cometas... En Kabul, raro era el hombre de 17 a 30 años que no había probado los calabozos del Ministerio de la Virtud.