EE UU se prepara para lo peor

La Voz

INTERNACIONAL

STEPHEN JAFFE

El Gobierno pide a la población que recupere la normalidad al tiempo que advierte de un posible atentado La Nueva Guerra de George Bush estará acompañada de lo que el portavoz presidencial, Ari Fleischer, llamó ayer la «nueva normalidad». Ésta consiste, en realidad, en un ejercicio imposible. Según recomienda el Gobierno, en devolver la vida diaria a sus cauces ordinarios mientras, como también advierten desde el poder, se mantienen los ojos bien abiertos por si el terrorismo logra que el cielo se desplome sobre las cabezas de los americanos. Estados Unidos ha sido puesto en guardia de nuevo. Sus dirigentes repitieron ayer que informes «verosímiles» advierten de un posible atentado durante los próximos siete días.

30 oct 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

JAIME MEILÁN NUEVA YORK. Corresponsal «Cuando tenemos sugerencias sólidas, de fuentes fidedignas, de que ésta es una semana en la que podemos ver nuevas actividades terroristas en este país, debemos extremar la alerta», se justificó Tom Ridge, el máximo responsable de la recién creada Oficina de Seguridad de la Patria. El caso es que, ya hace dos semanas, la Administración Bush invitó a los ciudadanos a que estuvieran ojo avizor, y nada sucedió. La advertencia, explicó el director del FBI, Robert Mueller, «puede haber ayudado a evitar un ataque». La información es tan escasa hoy como lo era el 11 de septiembre. No hay amenazas concretas y sólo se sabe que los sospechosos pueden pertenecer a Al Qaida. Y se habla de una eventual represalia por los bombardeos en Afganistán. Tampoco está claro qué se pretende con la alerta ciudadana. «América tiene que seguir siendo América», insistió Ridge. Pero el mensaje de su compañero de Gobierno y titular de Justicia, John Ashcroft, no invitaba a la tranquilidad: «Es importante que el pueblo americano entienda que ha de tomar estas advertencias muy seriamente». Predicar con el ejemplo La solución puede estar en la «nueva normalidad» gestada desde la Casa Blanca. O lo que es lo mismo, en vivir con los pelos de punta fingiendo que no pasa nada. Bush iba a predicar ayer con el ejemplo. Sus planes incluían su asistencia al partido de los Yankees en Nueva York, el tercero de la final de la liga de béisbol. Pero, al mismo tiempo, su vicepresidente Dick Cheney fue llevado a un lugar secreto, por si acaso. La inquietud ciudadana es frustración en las policías locales. Los uniformados se quejan por las sucesivas llamadas a una alerta máxima ante un peligro sin concreción. Y lo que es peor, parece que la «nueva normalidad» no será pasajera. Durará, según Fleischer, «hasta que la guerra contra el terrorismo concluya con éxito».