Un muerto y más de un centenar de heridos en la batalla campal de Génova

AGENCIAS A CORUÑA

INTERNACIONAL

Los manifestantes antiglobalización piden la suspensión de la reunión y que dimita el ministro de Interior por la «brutal» carga policial Un muerto y 120 personas heridas, de ellos 35 agentes, es el balance provisional de los duros enfrentamientos protagonizados ayer en Génova por grupos de manifestantes antiglobalización contra la celebración de la cumbre del G-8 que intentaban pasar los límites de seguridad y entrar en la «zona roja». Anoche, declaraban ante la policía un extranjero y tres italianos, testigos del suceso. A última hora, fuentes oficiales confirmaron que era un genovés. El ministro del Interior, Claudio Scajola, explicará el lunes los incidentes. Varias voces pidieron la suspensión de la cumbre y la dimisión de Scajola, por la «brutal» carga policial.

20 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La Comisaría de Génova esperaba anoche conocer la versión del juez para informar sobre el manifestante muerto. La polémica está servida porque un fotógrafo captó cómo se produjo la muerte. «He escuchado dos tiros -dijo el fotógrafo parisino-, pensaba que habían sido al aire, pero he visto caer a un chico». Una enfermera voluntaria fue la primera en acercarse a él y, según afirmó, cuando le levantó el pasamontañas vio dos cosas: que tenía ojos azules y un profundo agujero en la cara. «No sé si era un disparo, sólo sé que estaba casi muerto, perdía mucha sangre por la boca», señaló. «Hemos intentado hacerle un masaje cardiaco, pero ha sido inútil». El portavoz del movimiento antiglobalización Foro Social de Genova, Vittorio Agnoletto, pidió «la suspensión del G-8 y la dimisión del ministro del Interior, Claudio Scajola». A su petición se sumaron parlamentarios de Los Verdes, el consejero regional, Gianfranco Bettin y el líder de Refundación Comunista, Fausto Bertinotti. Los 18.000 agentes pertrechados con los más modernos medios antidisturbios, cerraron el paso a los manifestantes con cargas a las que éstos respondieron con piedras y botellas. Los más radicales, de orientación anarquista, cruzaron coches en las calles y les prendieron fuego. Buscaron el cuerpo a cuerpo con los policías, armados de bates de béisbol y bastones. Sobre la peligrosidad de estos grupos, conocidos como «monos blancos» y algunos de ellos procedentes de España, habían advertido los servicios secretos italianos. Uno de los episodios más violentos se vivió en plaza Manin, donde los antidisturbios cargaron sin contemplaciones con gases lacrimógenos contra 400 anarquistas que habían atacado la cárcel de Marassi. Resultaron heridos numerosos militantes de la Red Liliput, el ala pacifista del Génova Social Forum -la coordinadora que agrupa a la mayoría de los antiglobalización-. Los más atrevidos no dejaron de perseguir el objetivo: «violar» el área reservada a los líderes que participan en la cumbre. La «zona roja» fue «abordada» finalmente por cuatro jóvenes que derribaron el muro de acero de casi cuatro metros en la Plaza Dante, sobreponiéndose a los chorros de agua. El alcalde de Roma, Giuseppe Pericu, de los ex-comunistas Demócratas de Izquierda, vio que la situación estaba fuera de control y convenció a Agnoletto de «dar una señal de distensión» y retirarse. Carta bomba Un carabinero fue ingresado en estado grave en un hospital de Turín, a raíz de las heridas causadas por la explosión de una carta bomba. Dos artefactos explosivos preparados para estallar fueron desactivados en los grandes almacenes Rinascente, en Milán. Además, fueron numerosas las falsas amenazas de bombas, que obligaron a desalojar estaciones de trenes. Una de ellas se produjo en el centro de prensa oficial de la cumbre del G-8, por lo que fue evacuada.