Un «tory» precoz

WILLIAM HAGUE


Un destacado analista político británico dice que William Hague tiene una enorme ventaja: una resistencia de acero que le ha ayudado a superar crisis políticas que a otros hubieran hundido. Pero es que Hague es un animal político, que pasó de niño prodigio -ya arengaba en los mítines con 16 años, dejando a su izquierda a Margaret Thatcher- a líder de la oposición en sólo veinte años. Con 34, fue el ministro más joven del Gabinete de John Major, quien lo nombró para ocuparse de los asuntos de Gales.Pero precocidad y autosuficiencia son dos cualidades que no agradan ni en las filas propias ni en las de sus oponentes. Se sabe que entre Blair y Hague no hay química. Quizá en lo único que ambos coinciden es en sus elogios al presidente de Estados Unidos, George Bush.Hague, a pesar de su pésima imagen -gran fallo de sus asesores de marketing- y de su acento de Yorkshire -insoportable para muchos británicos-, pasa por ser uno de los políticos con mejor sentido del humor y sus chistes en Westminster son celebrados hasta por los laboristas.El líder conservador es un fanático de las artes marciales, que practica la meditación transcendental y el yoga, además del secretismo en la dirección del partido. Quizás su mayor error ha sido arrimarse demasiado a la vieja dama del conservadurismo, la baronesa Margaret Thatcher. Ésta, desde luego, no le ha correspondido con idéntica gentileza y apoyo. Hace unos días, sin ir más lejos, Margaret Thatcher censuró la política europea de su jefe de filas a la que tachó de «débil».

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Un «tory» precoz