Vladimir Gumeniuk cumplió una orden de Moscú, pero se niega a revelar el lugar Un ex-oficial soviético, cumpliendo una orden de Moscú, quemó y esparció al aire las cenizas de Hitler en 1970. Treinta años después, ha revelado los detalles de ese suceso mantenido en secreto desde entonces. El teniente coronel jubilado, Vladimir Gumeniuk, de 64 años, actualmente director adjunto de un hotel en Ulianovsk, declaró a la cadena de televisión NTV que se niega a precisar el lugar en el que dispersó las cenizas del «führer», de su amante Eva Braun y de los Goebbels. «Hay muchos neonazis en el mundo. Habría peregrinaciones, llegarían incluso a construir un monumento», explicó.
08 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Último superviviente del equipo de tres militares que participaron en la operación, Gumeniuk tiene la intención de llevar su secreto a la tumba. En 1970, Gumeniuk era teniente y servía en una unidad especial del Tercer Ejército soviético, con base en Magdeburgo (centro-este de Alemania). Esta unidad custodiaba las cajas de madera que contenían los restos del jefe del III Reich y de sus allegados, que fueron descubiertos, carbonizados, entre las ruinas del edificio de la Cancillería en 1945. Las cuatro grandes cajas, que antaño contenían municiones, fueron desenterradas y enterradas al menos dos veces antes de 1970, cuando la unidad cambió de guarnición. El 13 de marzo de 1970, el jefe del KGB y futuro jefe de Estado soviético Yuri Andropov escribió al número uno de la URSS, Leónidas Breznev, que juzgaba «oportuno destruir los restos por incineración debido a posibles obras» en el lugar donde estaban escondidos. A la orilla de un río Recibiendo órdenes de sus superiores, la noche del 4 al 5 de abril, escondido con sus colegas en una gran tienda de campaña, el teniente Gumeniuk desenterró las cajas, que se hallaban a 1,7 metros bajo tierra. Como la operación debía ser totalmente secreta, los tres hombres cargaron las cajas en un vehículo y partieron al amanecer llevando sus cañas de pescar. Se detuvieron en la orilla de un río, en un lugar fijado de antemano que no se veía desde la carretera, derramaron gasolina en las cajas y les prendieron fuego. Gumeniuk recogió luego las cenizas y las metió en una mochila (que guardó y mostró por televisión) y cubrió las huellas con tierra y hierba. Los tres hombres subieron después a un alto. «Hice lo que se llama dispersar las cenizas. Un instante y se acabó; una pequeña nube oscura que desapareció después de algunos segundos», contó el ex-oficial a los medios rusos. Hitler se suicidó el 30 de abril de 1945 con un disparo en la cabeza junto a su amante Eva Braun, aunque ella optó por ingerir un veneno letal. Hasta el último momento, el führer había mantenido la esperanza de poder resistir a la ofensiva de los aliados, ajeno todavía a la realidad, ya incuestionable, de su derrota. Sólo admitió que había sido vencido cuando el mando supremo de la Wehrmacht le comunicó que el Ejército Rojo se hallaba ya a las puertas del búnker en el que se había refugiado junto a su estado mayor. Para entonces, la bandera roja con la hoz y el martillo ondeaba ya sobre las ruinas del Reichstag.