Bill Clinton dice no estar preparado para ser un ciudadano de a pie Desorientado, perdido y muy solo. Bill Clinton, aseguran sus allegados, no estaba preparado mentalmente para convertirse en un estadounidense de a pie, y aún no ha encontrado la brújula de su nueva vida privada. Por primera vez en 26 años no tiene una campaña electoral que batallar, o que luchar por su supervivencia política. Pero los ataques contra él arrecian como si nada hubiera cambiado. Y el ex-presidente apenas cuenta con su perro, Buddy, para capear el temporal.
17 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.JAIME MEILÁN NUEVA YORK. Corresponsal En los últimos dos meses, Bill Clinton no sólo ha tenido que hacer cursillos acelarados sobre cómo utilizar un cajero automático o colocar en espera una llamada telefónica. Los detalles de una vida ordinaria han sido para él todo un reto. Pero más lo ha sido tener que enfrentarse a la maquinaria política del país sin formar parte de ella. Y sin una cohorte de asesores y disciplinados estrategas para organizar ofensivas o maniobras de defensa. Quienes integran su círculo más íntimo dicen que el ex-presidente está furioso por la controversia sobre sus últimos indultos. También por las acusaciones que le retrataron como un paleto sin clase que decidió llevarse de la Casa Blanca objetos que no le correspondían. O que antes de entregar el relevo a George Bush permitió que la residencia presidencial se convirtiera en un campo de experimentación para vándalos. Su furia, sin embargo, no ha podido ser escuchada. Poco importa que Clinton sostenga que sus actos de clemencia no tuvieron nada que ver con donaciones a su causa política. O que nada saliera de Washington sin el beneplácito del organismo pertinente. O que en realidad no se registrara acto de vandalismo alguno como se dijo. El demócrata, sin el púlpito del Despacho Oval, se ha tenido que tragar solo su indignación. La desequilibrada campaña contra su persona arroja ya un saldo provisional. El 57 por ciento de los estadounidenses tenían una opinión favorable de Bill Clinton justo antes de abandonar la Presidencia. Hoy únicamente el 38 por ciento piensa así. Y el 51 por ciento de los norteamericanos lo ven con muy malos ojos.