Si es una realidad que Peter Mandelson deja pocos amigos en los corros políticos de Londres, es igual de cierto que deja un buen ramillete de enemigos en la política norirlandesa.
24 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El ex-ministro calificó ayer su paso por el ministerio que heredó de una castigada Mo Mowlam como «el mayor privilegio de mi vida política». Mowlam fue retirada de esta cartera por sus flirteos con los republicanos católicos y la constante desconfianza que creó en el movimiento unionista. Mandelson llegó para tranquilizar los ánimos de los protestantes y recordarles que Londres no tenía preferencias. Su decisión más criticada fue la de suspender temporalmente los órganos de gobierno autonómico ante la falta de respuesta del IRA al desarme. Esto le enemistó con los republicanos, aunque tampoco se libró de contar con enemigos entre las formaciones políticas unionistas opuestas al Acuerdo de Paz de Viernes Santo. Su dimisión no llega en un buen momento, cuando se han reiniciado los contactos para desbloquer el actual impasse político y cuando el Partido Laborista necesita una paz definitiva en el Ulster para presentarla durante la campaña electoral de las elecciones generales de esta primavera. Posible sucesor La papeleta más difícil ahora es la de nombrar un sucesor que logre la confianza tanto de republicanos como de unionistas y al mismo tiempo que posea un enorme conocimiento del problema norirlandés. Ya se vislumbran dos posibles candidatos, el número dos de Mandelson, Adam Ingram, y el ex-viceministro para el Ulster, Paul Marphy. A quien sea, le esperan días difíciles en su nuevo puesto de trabajo.