Republicanos y demócratas, en guerra

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CARRERA HACIA LA CASA BLANCA Bush pide a su rival que, por el bien del país, reconozca su derrota, pero éste se niega a tirar la toalla Nadie da el brazo a torcer en la lucha por la Casa Blanca. Los representantes de George Bush exigieron ayer a su rival que reconozca su derrota y deje de incordiar. Las filas demócratas respondieron que nada está decidido. Incluso acusaron al republicano de conducirse «inapropiadamente» por querer proclamarse presidente sin conocer aún los resultados. La guerra verbal se ha recrudecido extraordinariamente. Al Gore ve una eventual victoria en Florida al alcance de su mano. La ventaja del gobernador de Texas se ha visto reducida en este decisivo estado a poco más de 300 votos. Todo está pendiente de nuevos recuentos.

10 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

JAIME MEILÁN NUEVA YORK. Corresponsal Aunque oficialmente aún no se han certificado los resultados de Florida, ni tampoco se han incluido en los números provisionales los votos por correo procedentes del extranjero, es ya por todos sabido que la diferencia entre el aspirante demócrata y el republicano es, tras un primer recuento, de entre 317 y 327 sufragios. Este margen tan escaso favorable al gobernador de Texas ha renovado las ilusiones demócratas de dar un vuelco a las elecciones. Un insulto Pero, en el equipo republicano, las presiones rivales han sido recibidas poco menos que como un insulto. El ex-secretario de Estado James Baker, el enviado de Bush para supervisar los acontecimientos en Florida, subrayó que la disputa sobre quién ganó los comicios tiene que acabar rápidamente. «Parece que la campaña de Gore intenta indebidamente prolongar las elecciones presidenciales mediante interminables impugnaciones de los resultados de Florida», dijo en Tallahassee. Baker invocó los intereses del país para justificar su exigencia de que los demócratas acepten su derrota: «Por el bien del país y por el de nuestra reputación en el mundo, la campaña debería concluir y comenzar un proceso ordenado de transición». La transición a la que hizo referencia es la que llevaría a George Bush al Despacho Oval. En esta línea, explicó que entiende cuán frustrante es perder unas elecciones por tan escaso margen, «pero son cosas que pasan». La respuesta demócrata no se hizo esperar. William Daley, que dirigió la campaña de Gore, insistió en que nadie puede proclamarse aún vencedor: «Parece muy claro que el resultado de Florida permanece en duda y lo estará durante varios días más. Esperar es incómodo para todos. Pero sugerir que se sabe el resultado antes de contar todas las papeletas es inapropiado».