La «droga de los yihadistas» ya tiene vacuna

La fenetilina es una sustancia muy empleada por los yihadistas para inhibirse del dolor y del miedo en sus acciones

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C. R.

«No puedes dormir, ni siquiera cerrar tus ojos», informaba en un documental de la BBC un joven usuario de la conocida como «droga de los yihadistas». «No hay nada que puedas tomar para detener su efecto». El miedo, el cansancio, la empatía, el hambre, la fatiga. Todo desaparece bajo los efectos del Captagon -nombre comercial de la fenetilina-, que, hasta ahora, eran imposibles de mitigar. Sin embargo, los científicos han conseguido profundizar en las propiedades y efectos de este psicotrópico y elaborar una vacuna capaz de mitigar los efectos adictivos de la droga.

Escasa presencia policial y gran oferta de marihuana y hachís. Ese el caldo de cultivo para el auge de comercio de anfetaminas, que se mezcla con otras como la teofilina y la cafeína para potenciar su efecto estimulante. En Siria, asolada por la guerra, las autoridades aseguran que el Captagon es una sustancia producida sobre todo en el norte del país y cerca de Damasco. Fácil de producir, barata y con efecto prolongado, provoca que el 40% de los jóvenes saudíes de entre 12 y 22 años sean consumidores de la misma, según un artículo publicado en el diario digital Arab News. 

La droga que conquista Oriente Medio

Y es que esta droga, además de ser adictiva, se utiliza también como un poderoso aliado bélico: produce superhombres que creen ser invencibles. Aumenta la atención, genera una sensación de bienestar y motivación, retrasa el hambre, la fatiga, el cansancio e inhibe del dolor y el miedo. Pero además, crea una enorme dependencia. Tanta que en la década de los 80 la Organización Mundial de la Salud la incluyó en su lista de sustancias controladas y prohibió su venta en la mayor parte del mundo.

Tres o cuatro horas después de consumirla, se entra en fases de insomnio, ansiedad, alucinaciones, episodios de psicosis e incluso podría causar daño cerebral. A esto se añade el peligro de consumir o poseer droga en países en los que se suele castigar con penas de prisión, flagelación pública o deportación, y el tráfico, con pena de muerte por decapitación.

Se prohíbe el uso de estas drogas porque es contrario a la ley islámica, pero las fabrican para obtener fondos. Por ello, les interesa propagar este veneno en regiones del territorio controlado por el Estado Islámico para financiarse y comprar armas. Luego, se las proporcionan a sus soldados para insensibilizarlos. «ISIS nos da drogas, píldoras alucinógenas que hacen que vayas a la batalla sin que te importe si saldrás vivo o muerto», afirmaba un chico de 19 años, Kareem, en una entrevista a la CNN.

Invento Occidental

Esta droga fue originariamente inventada en Alemania en la década de los sesenta. Se empezó a producir en 1963 para tratar la hiperactividad, la depresión y los trastornos de sueño, pero finalmente se prohibió en los ochenta por su parecido a las anfetaminas y su falta de capacidad terapéutica. Sin embargo, se siguió produciendo en la clandestinidad.

Aunque se considera la «droga de los yihadistas», el uso de estimulantes tiene una tradición larga en contextos bélicos, con la que mejoraban el rendimiento de sus tropas. Estados Unidos suministraba a sus soldados diferentes tipos de sustancias psicoactivas para que pudieran soportar la guerra de Vietnam. Hitler consumía regularmente metanfetamina, muy utilizada también por sus soldados para mantenerse despiertos y siempre alerta. Una tendencia que se repitió en cada guerra y que creó una gran dependencia de los soldados aun una vez terminada la contienda. El Captagon, como el resto de sustancias empleadas con objetivos bélicos, no tiene ese uso exclusivo.

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