La llegada del Halley

El cometa se acerca a la Tierra en la primera de las dos veces que lo hará durante el siglo XX


Importante es conocerle y saber por lo menos aproximadamente la ruta que recorrerá a nuestra vista. Con ello no pretendemos fijar exactamente su posición delante de la infinidad de estrellas que pueblan la bóveda celeste, pero sí distinguir a ese ilustre viajero que atormenta a muchos con pensar que el día 18 del próximo mayo dirigirá su cola a los confines de la atmósfera terrestre.

El majestuoso cometa Halley, esperado con ansiedad hace años, va a visitarnos por primera vez en el siglo XX; viniendo acompañado por lo menos de otros tres cometas ya reconocidos: el Vinnecke, el Daniel y el Drake, pero estos no serán para fines de marzo tan luminosos que nos puedan hacer desviar la atención del fenómeno celeste, que presenciaremos con entusiasmo en la próxima primavera.

El gráfico nos da aproximada idea de la marcha de la Tierra y del famoso cometa durante los primeros meses del año actual; examinándole con detenimiento, observamos que hasta últimos de este mes de enero se fue rápidamente aproximando a nosotros, empezando ahora a alejarse, para de nuevo en la entrada de la primavera volver a disminuir su distancia a la Tierra, a fin de conseguir su mínima separación el 18 de mayo, alejándose desde ese día, para retornar a final de siglo y atormentar entonces con nuevas discusiones a los sucesores de los que actualmente tengamos la satisfacción de admirarle.

Si nos fijamos en la posición central del Sol, en las flechas indicadoras de la dirección de las marchas del cometa y de la Tierra y en los días señalados de sus órbitas, observamos que, desde ahora a la última decena de marzo, veremos los habitantes de la Tierra marchar el Sol delante del cometa, pasada la fecha indicada, hasta su perihelio, o sea, el 20 de abril, notaremos que el Sol va detrás; lo cual nos indica, que en lo sucesivo y hasta los últimos días del mes de marzo, podremos distinguir al cometa Halley sobre el firmamento, inmediatamente de puesto el Sol, y desde entonces lo percibiremos poco antes de su salida.

Cuatro, según hemos dichos, son, por lo menos, los que viajan al alcance de nuestra vista, cuatro cometas fácilmente distinguibles cada uno de sí; mas con el fin de fijarnos solo en Halley, vamos a ver cómo podremos cerciorarnos de ser él, el que veamos valiéndonos de buenos anteojos, si tenemos la suerte de que en estos días las nubes nos permitan percibir alguno.

Todos conocemos la estrella Polar, al parecer fija en el cielo y alrededor de la cual giran aparentemente todas las constelaciones: esa estrella forma parte de la Osa Menor, pero muy cerca de ella está otra constelación, la Osa Mayor o el Carro, nombre que también recibe debido a la forma que presentan sus siete principales estrellas; dibujándonos, cuatro de ellas, la posición de sus ruedas y las otras tres la de la lanza.

A igual distancia de la estrella Polar, que la Osa Mayor y en lado opuesto, veremos la agrupación de cinco estrellas brillantes que uniéndolas por una línea, formarían una especie de M mayúscula algo abierta; agrupación a que se le da el nombre de Casiopea.

Conocida la constelación Casiopea, mirando en su dirección con un anteojo astronómico, podremos ver en estos días a las veinte horas y muy alto con relación al horizonte, el resplandor de un cometa; si en esa posición se nos presenta, entonces es factible asegurar que sea Halley, y no los cometas telescópicos Vinnecke y Daniel, que le acompañan en su actual excursión, ni el reluciente Drake que vemos hacia el Occidente después de puesto el Sol.

Sabida la hora, en la cual podemos observarle, conocida su aproximada situación en el espacio, no empequeñezcamos en su día la cola del cometa Halley, no digamos que tiene como tres metros, porque si así lo hacemos, nadie creerá la injustificada preocupación de que el día 18 del próximo mes de mayo pueda perturbar nuestra existencia, debido a alcanzar con ella la atmósfera terrestre, distante entonces veintiséis millones de kilómetros del núcleo del cometa; no asimilemos a tres metros los treinta, cuarenta o cincuenta millones de kilómetros que pueda llegar a tener la aureola luminosa de ese cometa tan sin razón temido, y al querer expresar las dimensiones de su cola hagámoslo en amplitud angular, o sea en grados y no en unidades lineales.

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