El canterano, que lleva casi diez años creciendo en el Celta, es el primer juvenil que juega en Segunda con el Fortuna; destacaba ya desde los tres años
08 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Mateo Sobral Sabajanes (Soutomaior, 2009) hizo historia el pasado sábado al convertirse en el primer futbolista en edad juvenil que defendía la camiseta del Celta Fortuna en Segunda. A punto de cumplirse diez años de su llegada al club, en el 2017, antes había dado sus primeros pasos futbolísticos en el Arcade, desde donde recaló en el Cristo de la Victoria. Ese primer año en Vigo fue la antesala de su llegada al club celeste, donde ha ido creciendo, siempre destacando, desde entonces.
Su familia no contaba con que llegara el debut en Ceuta. Recuerdan que la temporada pasada estuvo quince jornadas en el banquillo del filial -equipo que compaginaba con el Juvenil A- antes de que llegara su oportunidad en Primera Federación, con unos minutos en la última jornada de liga. Esta vez, fue titular. «Al no estar sus compañeros Burcio y Antañón, que fueron con el primer equipo, posibilidades había, pero nos cogió por sorpresa», dicen. Les contó luego que estuvo tranquilo, cómodo, que disfrutó mucho y que la alegría fue mayor incluso cuando vio que no era el primer cambio -contaba con serlo- y podía quedarse más tiempo sobre el césped.
Dicen quienes le conocen que Sobral tímido, introvertido, generoso con los demás y que nunca tiene una mala palabra ni una queja. Así, llevó «con paciencia» que el estreno con el Fortuna se demorara el curso pasado, cuando estaba en dinámica y en la mayoría de las listas. Fredi Álvarez hablaba con él para explicarle la situación y el jugador asumía con naturalidad que su momento llegaría cuando tuviera que ser. De igual modo, inició la presente campaña sin saber aún ahora cuál será su destino. «No está definido. En principio, se quedará en dinámica del Fortuna», pero a caballo entre este y el Juvenil A, dicen fuentes cercanas a él.
Los suyos siguieron el debut en el campo del Arcade, donde él empezó y sigue jugando su hermano pequeño, que tenía partido. Allí, todos están orgullosos de aquel niño que empezó con ellos y que parece lejos de encontrar techo. «Lo conocí con tres años, fui su primer entrenador junto con Leandro López. Era un año más joven que los demás del equipo y ya sobresalía», recuerda Fabián López, testigo de sus primeros tres años jugando al fútbol. «Competía teniendo menos cuerpo que el resto, se intuía que tenía algo diferente. Siempre lo recordaré como ese niño rubio que destacaba entre los mayores y hacía cosas diferentes», recalca.
En aquellos inicios, tenía una posición más avanzada y era goleador. Pero, más allá de eso «abarcaba muchísimo campo, parecía que estaba en todos lados». Aparte de tener algo atípico a esas edades. «Siendo tan pequeño, usaba las dos piernas, la derecha y la izquierda sin problema, como si estuviera unos años por encima», rememora. Que el Celta de fijara en él no cogió a nadie por sorpresa. «Llamaba la atención, muchos clubes de la zona lo quería, pero el Celta siempre fue su primera opción». Porque él, que iba previamente a las escuelas, quedó «encantado» cuando supo que tenía la ocasión de incorporarse al equipo que había mamado en casa.
López vivió con emoción su debut en Segunda. «Lo hizo muy bien. Y venía de estar con la selección española. Pero si de algo estoy seguro es de que no se le va a subir a la cabeza. La tiene muy bien amueblada», destaca. Aparte de ser muy firme, constante y trabajador. También en los estudios, donde ahora le espera segundo de Bachillerato y ya piensa en estudiar luego algo relacionado con el deporte.
López constata que el primer equipo está cerca y valora la apuesta del Celta que ha permitido que sea así. «Claudio Giráldez está haciendo un trabajo espectacular con la cantera. Hay compañeros de Mateo que ya están arriba y está claro que con un entrenador así, él también puede tener opciones en el futuro», comenta el técnico con el que Mateo dio sus primeros pasos. Por su parte, admite que cuando entrenas a niños tan pequeños es casi imposible predecir si van a llegar a algo en este deporte o no.«Como entrenador de fútbol base, no puedes saber a dónde llegará un niño, pero sí que le veías algo diferente, unas condiciones que podían llevarle lejos disfrutando de lo que más le gusta, que es el fútbol», subraya.
Madurando a la carrera
En las últimas campañas, Sobral vive en A Sede por cuestiones de compatibilidad familiar. Algunas situaciones adversas le han hecho madurar rápido y destaca por ser responsable y disciplinado. Aparte de tener las ideas claras. Porque acostumbrado a destacar, ha tenido oportunidades de ir a otros equipos, pero siempre ha apostado por el Celta.
Del club vigués es aficionado por herencia familiar, pues sus padres ya eran socios e iba desde pequeño a Balaídos. «Su abuelo jugaba a fútbol y su padre, al que iba a ver desde pequeñito, también. El abuelo le decía que le tenía que dar con las dos piernas, y él, con la zurda, se enfadaba y lloraba, pero insistió y consiguió que le diera con las dos», rememoran desde la familia. Ahora, él sufre demencia y Mateo Sobral tiene la pena de que no pueda disfrutar de los pasos que va dando. Pero sí lo hace el resto de la familia, así como un Arcade volcado con un vecino que apunta alto.