Una roja al Panda a ralentí lo cambió todo

Pedro Rodríguez
PEDRO RODRÍGUEZ VIGO / LA VOZ

GRADA DE RÍO

El colegiado belga Erik Lambrechts, mostrando la tarjeta roja a Borja Iglesias en el Celta-Lyon.
El colegiado belga Erik Lambrechts, mostrando la tarjeta roja a Borja Iglesias en el Celta-Lyon. Xoán Carlos Gil

La decisión del árbitro, que tardó en llegar más de 30 segundos cuando no podía consultarla con el VAR, alteró un guion del partido favorable para el Celta

13 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El Celta estaba controlando el partido de ida de ocavos de final frente al Olympique de Lyon hasta la tarjeta roja. Muy ágil en la transición, correcto en defensa y haciendo mucho daño en salida. Pudo meter más de un gol a la contra en la primera parte y el equipo salió con el mismo guion tras el descanso. Claudio Giráldez, que siempre ajusta al equipo cuando hay una tarjeta amarilla, decidió apostar por la continuidad de Borja Iglesias pese que había recibido tarjeta. Diez minutos después, en una jugada aislada, en la que el Celta podía ganar un balón con superioridad, el árbitro pitó falta al delantero tras cuerpear con los brazos. Doble amarilla. El equipo vigués se quedó con diez a falta de 35 minutos.

Sorprendió en el estadio la decisión, pero más lo que se tardó en tomarla. El árbitro pitó la falta. Los jugadores del Lyon protestaron, pero parecía que todo quedaba ahí. El de amarillo se apartó de todos los jugadores, como hacen cuando escuchan el VAR, aunque en este caso, no podía entrar en una doble tarjeta amarilla. En el campo lo pareció, porque se llevó la mano al pinganillo. Al poco, cuando Pablo Durán se preparaba para entrar por Borja, el árbitro lo expulsó. Habían pasado más de 30 segundos y el línea estaba mucho más lejos que él cuando decidió pitar la falta. Giráldez dijo que el árbitro le explicó que le había asistido un «ayudante».

La tarjeta roja no fue la única decisión que indignó a los vigueses y a un Claudio Giráldez más frustrado de lo habitual con sus decisiones. La estadística muestra que el Celta hizo 11 faltas frente a las 14 del Lyon, pero se saldó con cuatro tarjetas amarillas frente a dos. Una buena parte de las faltas que se pitaron eran luchas entre delantero y central que siempre caían a bando visitante. En el gol visitante también se pedía falta a Ionut Andrei Radu, pero el árbitro ni el VAR cambió su decisión. La última polémica se produjo con un descuento más largo que lo anunciado.