Cuando Borja Iglesias volvió al Celta, hace un año, estaba seguro de que le iba a venir muy bien al confianza de llegar a un entorno favorable no solo en el campo, también fuera: con su familia, compañeros que conoce, instalaciones, trabajadores del club... Y así fue. Creo que era una necesidad que tenía Borja de sentirse arropado después de la falta de continuidad en el Betis. Era llegar a un sitio donde se alineaban muchas cosas y creo que era una garantía tanto para él como para el Celta.
Se ha confirmado que Borja le venía al equipo como anillo al dedo y Claudio Giráldez ha sido clave para actualizar su rendimiento y el del equipo. Porque ha sido un proceso colectivo en el que han mejorado Borja y otros jugadores cercanos a él en cuanto a la llegada al área rival.
También me reafirmo en que Iago Aspas es un tipo de jugador veterano, que da buenos consejos, que tiene esa parte cercana más personal, de ayudar a los compañeros. Y sabía que la cercanía entre los dos no iba a ser solo en el campo, sino entre compañeros y gallegos.
Borja necesitaba todo este entorno para volver a ser un delantero de referencia y volver a rendir. Ahora mismo, creo que es una garantía para el Celta y un acierto por las dos partes. Era lo más lógico que él siguiera en Vigo y me lo imagino muy feliz de que se haya llegado a un acuerdo.