El celtismo brindó un espectacular recibimiento y arropó en todo momento a un Celta que encajó en el primer minuto y ofreció una pobre imagen
24 ene 2024 . Actualizado a las 05:00 h.La victoria ante el Valencia, con el premio para el Celta de alcanzar los cuartos de final de la Copa del Rey por primera vez en siete años, había disparado la ilusión en el celtismo. Lo hizo de tal manera, que la clara derrota frente a la Real Sociedad en el primero de los dos asaltos entre ambos en tres días —el de liga que acabó 0-1— no hizo mella en ese entusiasmo. O sí. Porque quien más y quien menos tomó conciencia, si no la tenía ya, de la dificultad de eliminar a los txuri urdin. Pero el celtismo creía. Creyó desde la previa y hasta que la realidad le despertó del sueño con el pitido fina.
El recibimiento pasa a engrosar la lista de los que se recordarán con el paso del tiempo y pondrán la piel de gallina a los que se encontraban allí y a los que vieron las imágenes y sintieron no poder estar en Balaídos. El recorrido no convencía. Tanto el celtismo como el club preferían que la llegada fuera por Fragoso, pero no pudo ser —no fue permitido por las autoridades competentes— y se buscó la manera de que el plan B no lo desluciera.
Los miembros de la grada de animación, con Tropas de Breogán al frente, salieron desde la zona de previa y recorrieron los exteriores de las gradas de Marcador y Río, esperando al equipo en Alcalde Portanet. Desde ese punto hasta las zonas de Gol y la explanada de Tribuna se formó una marea roja, porque las bengalas fueron elemento clave. Y después de que alguno recibiera con entusiasmo al autobús de la Real Sociedad confundiéndolo con el de los vigueses, por fin llegaron los célticos para recibir un baño de masas.
Aficionados de todas las edades, incluidos niños pese a la hora, ondearon sus bufandas y se dejaron las gargantas. Al repertorio de cánticos de siempre se ha sumado para quedarse Oliveira dos cen anos, que sonó a capela a través de varios fragmentos antes de hacerlo también en el interior del estadio, donde se congregaron 20.903 espectadores, llegando a superar en dos personas la cifra del duelo de liga.
Balaídos fue una fiesta al ritmo Será porque te amo y del propio himno del centenario y se desplegó un tifo con la estrofa «Na ledicia son celeste, celtista no padecer» -que luego tuitearía C. Tangana-. Pero el gol de la Real Sociedad a las primeras de cambio dejó al estadio frío. Se repuso la afición, que respondía con ánimos de apoyo pese a que desde el verde se le ofrecía muy poco. Así, el empuje de la grada no fue suficiente. Y despertaron del sueño.
Una pizca de esperanza con el 1-2 y gritos de «Benítez, vete ya»
Si el celtismo no bajó los brazos en ningún momento, el gol de Luca de la Torre llegó cuando parecía que estaba abocado a hacerlo irremediablemente. Así, el 1-2 dio un último impulso a la afición celeste, pero el cronómetro jugaba en contra y no hubo tiempo para más. A la conclusión del partido, los jugadores cumplieron con el gesto que ya se ha convertido en ritual para agradecer a la afición el apoyo. Lo merecía un celtismo que vio la ilusión convertida en una nueva decepción en una temporada en la que la Copa había sido un soplo de aire fresco. Un celtismo que entonó gritos de «Benítez, vete ya» y que tiene una nueva cita el domingo en el municipal vigués. Toca seguir peleando la permanencia.