El conjunto vigués, con la baja de Aidoo y con Aspas y Beltrán mermados, no solo se juega la permanencia ante el Barcelona tras once temporadas en Primera y en el año del centenario, sino también su futuro
04 jun 2023 . Actualizado a las 05:00 h.El Celta no solo se juega la vida esta noche. También pone en juego el centenario y el proyecto. Un triunfo sobre el Barcelona significaría un alivio inmenso y doce años en Primera División, pero cualquier otro resultado puede condenar al conjunto vigués a conmemorar sus 100 años de historia en Segunda División y provocar un seísmo inesperado en el proyecto de Mouriño, sólido en términos económicos, pero salpicado de grietas en lo deportivo. No ganar significará encomendarse a otros resultados que, a priori, no parecen una baza segura.
El Celta parecía salvado a finales de marzo, pero llega con el agua al cuello al último partido de la temporada. Incapaz de ganar en las seis últimas jornadas para cerrar el objetivo, con un alarmante bajón en el juego y con una colección de jugadores importantes lesionados o lastrados. Para gastar la última bala ante el Barcelona, Carlos Carvalhal (cuyo cierre de su comparecencia de ayer sonó a despedida) no podrá contar con Joseph Aidoo, el jefe de la defensa, que tiene para tres semanas tras romperse en Cádiz; recupera a la carrera a un Fran Beltrán cuyo estado físico después de tres partidos parado es una gran incógnita y tiene limitado el tiempo de disponibilidad de Iago Aspas por mor de su lumbalgia crónica. Todo apunta a que el moañés será la principal baza desde el banquillo y que la defensa es la línea que más retoques puede sufrir, con Renato Tapia de central y Óscar Mingueza como lateral.
El catalán se enfrentará a su Barça, un equipo que llega con los deberes hechos pero pregonando su amor al fair play después de dejarse llevar en Pucela en su salida anterior. El campeón no tiene nada en juego salvo el récord (menor) de Ter Stegen, que busca sus 27 porterías imbatidas. Lewandonski, con cinco dianas de margen, ya tiene virtualmente asegurado el pichichi. Los culés viajan con bajas, pero Xavi Hernández puede formar un once de tronío y permitirse el lujo de dejar a tres internacionales en el banquillo. Como para fiarse.
La gran diferencia para el partido debe estar en la cabeza. Los azulgranas tienen las maletas preparadas para hacer caja en Japón y marcharse de vacaciones, pero los celestes tienen por delante el examen final más importante de su historia reciente.
Para frenar la caída libre, la semana ha tenido de todo menos normalidad. Comenzó el martes con una charla en el vestuario para sacar los trapos sucios y cerrar filas en forma de unión. De un modo paralelo, comenzaron las comparecencias diarias de los jugadores, la movilización del celtismo, agotando las entradas disponibles en cuatro horas y abriendo las puertas de Afouteza para que el equipo sintiese el calor de su afición.
Toda la escenografía suma, pero a esta Celta mudo y hermético en muchas cuestiones, le toca ahora hablar en el campo y lo primero que tiene que hacer es recuperar músculo en las dos áreas. De poco vale ser un equipo aseado con balón, que presiona en campo contrario, si después encaja en la primera llegada o es incapaz de acertar con el último pase o con el disparo a la portería contraria. Está claro que este Celta echa de menos los goles y la magia de Aspas y la llegada desde la segunda línea de Gabri Veiga, pero el de esta noche no es un partido de nombres, sino del colectivo. La premisa es demostrarle al Barcelona desde el pitido inicial que el Celta es quien se juega la vida. La contienda debe ser un derroche de intensidad, sacrificio y también cabeza, ganarle al Barcelona solo por impulsos parecen un imposible.
En medio del drama, el equipo de Carvalhal debe tener en cuenta dos aspectos: salvo en una temporada, el Celta siempre le hizo puntos a los azulgranas en una liga (en el Camp Nou, pese al gran partido, regresó de vacío). También que, en esta ocasión, al depender todos los implicados por la salvación de sí mismos, que nadie espere un favor de terceros. El Celta depende de sí mismo, pero debe ganar.