Kevin, el valor de la constancia


Vigo

La gloria deportiva es el resultado del reconocimiento público a los atletas diferentes, a los que son capaces de hacer y mostrar cosas que están al alcance de muy pocos, a quienes alcanzan la excelencia en el desempeño de su tarea. Deportistas que sirven de espejo y de ejemplo a quienes se inician en el deporte y también a quienes buscan una carrera deportiva de éxito. Fácil resulta encontrar este tipo de ejemplos en el deporte y más aún en el fútbol.

Pero a mi modo de ver existe otra gloria deportiva, más modesta, menos ruidosa, más individual, pero igual de meritoria. La gloria de quien persevera, de quien lucha, de quien derriba barreras y de quien a pesar de todas las dificultades encontradas durante el camino, no se rinde y consigue llegar. Esa es la gloria que reflejan las lágrimas de Kevin en la entrevista post partido. Las lágrimas de quien ha vuelto a levantarse después de otra difícil situación sobrevenida en forma de lesión de larga duración. Un jugador de la cantera de esos a los que, como se suele decir, nadie le ha regalado nada y que paso a paso se ha ido forjando a pulso un sitio en el fútbol profesional. Regresó Kevin y además convenció. Una buena noticia.

Un equipo celeste que parece haber entrado en ese momento de estabilidad y continuidad que por ahora deja pocos resquicios a las sorpresas bien sean negativas o positivas. Contra el Athletic los vigueses demostraron la excepcionalidad de lo sucedido en Huesca volviendo a mostrarse como un equipo firme en defensa (Tapia mediante) y con las dificultades habituales para generar ocasiones de gol, lo que finalmente derivó en un justo reparto de puntos en un partido en el que ninguno de los contendientes hizo más méritos que su oponente.

En un momento en el que el posicionamiento defensivo avanzado y la presión alta se impone en la mayoría de los planteamientos, los vigueses continúan explorando como zafarse de ella cuando no pueden recurrir a la verticalidad del contraataque. El domingo los vigueses lo intentaron ejecutando la salida del balón de manera asimétrica, según cual fuese el lado elegido. Por la izquierda los celestes rotaron sus posiciones buscando a Denis escorado a banda, obligando a Aarón a avanzar su posición desplazando a su vez a Nolito al interior. Mientras, por la derecha fue Araujo el encargado tratar de romper directamente líneas jugando por dentro o directamente con el lateral cuando no había opción de arriesgar. En ambos casos la igualdad en las disputas cuando el balón llegaba a tres cuartos evitó ese desequilibrio que transforma los acercamientos en ocasiones de gol.

Así que, con la tranquilidad de tener el objetivo de la permanencia encaminado, la ambición por mejorar será la que marque el resultado final del Celta en esta Liga.

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