Otra partida de escondite cuando hay que dar la cara


Hay estampas que las carga el diablo. Iago Aspas elevó, ante los compañeros que poblaban Balaídos, el trofeo que lo acredita como el mejor jugador de todos los que patearon en la Liga en diciembre. Luego se puso el plumas rojo y se sentó en lo alto de la grada a presenciar el espectáculo. Como tres días antes en Ibiza -allí al minuto 28 caía el tercero- el Celta tenía cuatro en la chepa al superar la media hora de juego. Algo inédito en la historia como local en Primera División. Un melón de Okay, que no acabo de comprender qué quiere hacer aquí de su vida, comprometió a Denis y costó el 0-1. Y ya. Como en un infinito bucle de despropósitos, el Celta repitió una y otra vez la escena hasta el descanso. Con un equipo de amarillo, el Celta se fue cuatro arriba hace menos de un mes. Con otro, ahora, cuatro abajo. Las dos caras de la verdad.

«Quedó en evidencia la distancia entre titulares y el resto», remachó Coudet en la isla. Al Villarreal se enfrentaron ocho de los fijos. Podíamos concluir que también hay distancia entre unos titulares y otros. Que falte Tapia implica un problema sideral. No hay quien barra. También para Denis. No hay quien le escude para salir. Que falte Iago es un drama. El Celta solo ha conseguido ganar una vez sin él y ha jugado diecisiete en los últimos años. Ya no es solo el caudal ofensivo que reporta, cuando Aspas falta parece que el equipo no se sostiene anímicamente. No confía en sí mismo. Solo padece sobre el campo. No hay ahora mismo un jugador más decisivo para un club en la élite de Europa.

Fue Jordan, un escocés desgarbado que no pudo soñar peor debut en Primera, el que salió tras el descanso para ofrecerse. Denis respiró cuando lo tuvo cerca. Y es que otra penuria de este Celta, cuando el viento le sopla en contra, es que le faltan futbolistas que la quieran, que se ofrezcan una y otra vez, que lideren en el desaguisado. Otra partida de escondite cuando hay que dar la cara. Coudet también ha agitado la remesa de canteranos que venían siendo importantes antes de su llegada. José Fontán retiene el cartel de aspirante a plaza. A Lautaro y a Alfon les ha dado cierto margen. Gabri Veiga, Miguel y Carreira volverán a entrenarse con el filial. Holsgrove se ha ganado el derecho a no caerse del grupo.

Baeza y Beltrán tampoco despegan. Y luego está Emre Mor. Un juguete de más de trece millones de euros que acumula más indisciplinas que partidos. No deja de ser paradójico que el código rojo caiga sobre futbolistas secundarios, que han sido impecables en su dedicación, al margen de que su resultado no complaciera, y este chico siga aquí tomándonos el pelo a todos a precio de marajá.

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