¿Y si Valverde sienta a Messi en un momento de apuro?


Sentado ante un periodista, con el polo de la selección brasileña, Filipe Luis recibió la pregunta sobre los nominados al FIFA Best Player. Sin ejercer de compatriota o compañero de vestuario, con la propaganda que ello conlleva, el lateral ni siquiera elevó la voz: «El mejor es Messi. Hoy, el año pasado, hace dos... en el momento en el que el premio no es para él, con todo lo que hace, pierde credibilidad». Y se fue sin tener la sensación de haber devuelto ningún favor a quien no estaba ni nominado.

Salvando las distancias, que son todas, y los paralelismos, que tampoco hacen falta, el Celta, un equipo que nada en la plaza trece de posibilidades salariales, tiene a su propio Messi. Sustituirlo con el resultado en contra es, validando la metáfora, como si Valverde decide mandar a Leo al banco en un momento de apuro. Iago cerró la liga pasada como el mejor goleador español y mantiene el cartel, con cinco tras ocho jornadas. Eso, sin contar lo que asiste y lo que hace jugar. O quizá ahí resida el secreto de su relevo. Jugar en este Celta empieza a estar sobrevalorado.

El ejército del Turco sale a los partidos sin más guion que el de contener al rival de turno y confiando en volarlo de alguna pedrada. Ni juega por dentro, ni juega por fuera. Ni presiona alto, ni apuesta por la posesión, ni espera para coser con un manual a la contra. En Sevilla, Mohamed volvió a sacrificar el centro del campo y dejó en evidencia las limitaciones de Eckert para sacar algo de provecho en los bombardeos. Cuando llamó a Boufal -al que sigue regateando minutos- Mohamed consideró que ya bastaba de Aspas. Sin contemplar intocables, ni confundirse al creer que su actuación estaba siendo excelsa, despreciar a tu futbolista de más talento sin más condicionante que el táctico provoca aquello que concluyó Filipe Luis: si el mejor no está, pierdes credibilidad.

En una situación similar, Paco Herrera retiró a Iago del césped del Coliseum una tarde de febrero en el año del aterrizaje del equipo en Primera División. Con media hora por delante y un 3-1 en contra, le dio su plaza a Santi Mina. Aspas pateó un balón contra la valla antes de sentarse en el banquillo. El marcador ya no se movió. Y no hace falta que recordemos cómo acabó el cuento.

 

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