Antonio Mohamed lo mismo apuesta por ocho jugadores de corte defensivo en el once que por acumular delanteros sobre el campo
28 sep 2018 . Actualizado a las 05:00 h.Han transcurrido seis jornadas de liga y todavía no está muy clara cuál es la identidad del Celta de Antonio Mohamed. El entrenador ha alternado sistemas, ha barajado jugadores y ha probado a un mismo futbolista en distintos puestos. El equipo ha ofrecido en ocasiones una imagen de grupo cien por cien defensivo y otras de conjunto esencialmente ofensivo. Hay quien considera que tantas variantes son enriquecedoras y quien lo interpreta como vaivenes de un grupo que todavía no tiene muy claro a qué juega, y al que sustenta la calidad individual de sus futbolistas.
El Celta arrancó la temporada con un sistema de 4 defensas, que en los minutos finales de la segunda jornada transmutó a una línea de cinco destinada a conservar el resultado ante el Levante. En la porfía de Mohamed por cerrar la portería, esa fórmula fue exitosa y la aplicó ante el Atlético. Los vigueses superaron el primer examen importante del año con nota, pero todo lo bueno que hicieron frente a los de Simeone se cayó en Girona, donde la defensa de cinco hizo aguas por todas partes y el entrenador acabó apostando por un 4-4-3 que le permitió maquillar la imagen. Aunque sin puntos.
Frente al Valladolid el Celta salió como un tiro con una zaga de cuatro defensas y tres hombres en el centro del campo. Pero el planteamiento se fue cayendo a trozos hasta acabar con tres goles encajados, lo que hizo que el entrenador argentino retomase en Valencia la idea de los cinco defensas. ¿Qué sucedió en Mestalla? Pues que el Celta bailó durante 45 minutos al ritmo que impuso el rival. Ni defendía, ni creaba, ni atacaba. Fue una sombra de que se recompuso con el regreso a la línea de cuatro centrales y con cuatro hombres en la medular.
El partido de Mestalla es probablemente el ejemplo más palmario de la heterogeneidad en la que vive el equipo. En el once de partida había cinco zagueros y tres centrocampistas de corte defensivo. Y el resultado fue encajar un gol ante un rival que dispuso de varias oportunidades. Esa medular seguía una formación en triángulo en la que Lobotka era el más avanzado. Durante los 45 minutos en los que Mohamed insistió con el sistema, el eslovaco estuvo desaparecido del mapa, la medular ni cortó ni creó, y el equipo vagó sin rumbo.
El paso al 4-4-2 en el segundo tiempo llevó parejo un Celta más reconocible que abrió el campo gracias a la entrada de Sisto y que recuperó balones con Lobotka más retrasado y cerca de Beltrán. El equipo cambió radicalmente y acabó encontrando el gol en una buena acción de Juncà y Aspas. Para entonces todos los puntas del equipo, Maxi, Aspas y Dennis, estaban sobre el tapiz. Del equipo 100 % defensivo al 100 % ofensivo.
Pero Mohamed rehízo de nuevo el camino tras empatar para atar el resultado y volvió a dar peso a la defensa, alineó cinco zagueros y esta decisión no mejoró el nivel de la retaguardia.
La colocación de Sisto, reconvertido a centrocampista, el papel de Lobotka, incómodo más adelante, el puesto de Hugo Mallo, actuando muchas veces como interior, son decisiones controvertidas y no está claro si funcionan por la ubicación o por la calidad de los propios peloteros.