Patxi Salinas: «No me siento más vasco que gallego, quiero al Celta con locura»

El excéltico echa la vista atrás en vísperas del duelo entre los dos equipos de su vida, entre los que es incapaz de decantarse por uno u otro


Vigo

Cuando Patxi Salinas habla de sus años en activo en el Celta reconoce nostalgia; cuando se refiere a lo que supone el club para él, seguramente la palabra sea pasión. En vísperas de un Athletic-Celta, el duelo entre los dos clubes de su vida, no es que el mítico exjugador no se moje, es que la elección, asegura, le resulta imposible. Nació en Bilbao, sí, pero no se siente más vasco que gallego.

-Cuando le preguntan si Celta o Athletic, ¿se lo tiene que pensar?

-Todo el mundo entiende que lo normal sería que me quede con el Athletic, pero para mí no es así. Jugué allí más años, conseguí mis mejores éxitos, también era más joven. Pero si digo que quiero más al Athletic que al Celta mentiría. Está dividido, 50-50. Al Athletic lo quiero con locura, pero al Celta exactamente igual. No me siento más vasco que gallego.

-¿Y cuando juegan entre ellos como este fin de semana?

-En una situación como esta, que gane el mejor. Si uno necesita los puntos, ya sea para salvarse, para ir a Europa o a la UEFA y el otro no, siempre voy con el que más urgencia tenga. Me tiran los dos por igual.

-¿Y qué hay de su familia?

-Yo creo que mis hijos dirían que son más del Celta. Por cinco partidos que pueden haber visto del Athletic serán unos 500 del Celta. Uno es lo que han vivido casi desde que nacieron, de hecho han sido socios y uno aún lo es, y el otro es lo que les hemos inculcado. Saben que su padre ha jugado allí muchos años y que somos de allí. Pero llevan al Celta en el corazón como yo.

«El Celta me hizo más humano, más cercano, viví otra solidaridad y compañerismo en un club mucho más humilde»

-Cuando cambió Bilbao por Vigo sí que dejaba atrás el club de su vida. El listón estaba alto.

-Venía de ganar ligas, copas, había jugado 250 partidos. Era titular indiscutible y fue un problema con el presidente el motivo por el que me tuve que marchar. Venía de un club grande, con otros medios para entrenar y una filosofía espectacular y llegaba a un recién ascendido del que no sabía mucho. En la primera reunión me pareció que no tenían mucho interés en mí. Por eso cuando al final me llamaron firmé solo por un año. Y en octubre o noviembre ya me estaban llamando para renovar. Cuando venía de camino estuve a punto de dar la vuelta, pero a la semana yo ya me había dado cuenta de que era una ciudad maravillosa y que me iba a quedar mucho tiempo. El Celta me hizo más humano, más cercano, viví otra solidaridad y compañerismo en un club mucho más humilde.

-¿Le chocó al principio el cambio del que hablaba?

-Sí. Txetu Rojo me había convencido para venir, pero me hablaba de jugadores como Engonga, Gudelj o Cañizares, que venían de Segunda. Y yo pensaba: ‘¿Pero ese tal Cañizares quién será? Y al final acabamos clasificándonos para Europa y jugando una final de Copa. Creo que pasamos de un cero a un ocho en aquella etapa.

-¿Le queda la espina de no haber jugado con el Celta en Europa?

-Claro. Cuando me lo dicen fue un mazazo terrible, mi peor momento. Porque no lo esperaba y porque creía que podía haber seguido aportando un año más. Desgraciadamente no pude saborear aquel año de UEFA, que para mí hubiera sido un sueño, pero me llevé aquel homenaje inolvidable, espectacular, que supuso retirarme por todo lo alto. Y en mi casa, porque para entonces el Celta ya era mi casa. Hubo hasta pintadas para que me quedara. El cariño fue inmenso, no se puede pagar con dinero y lo sigo recibiendo hoy en día.

«Merecíamos aquella Copa del 94, tengo grabado el momento de perderla»

-¿Cuáles fueron sus momentos más dulces?

-Para mí fue único el pase a la final de Copa, cuando eliminamos al Tenerife. Y estar en esa final fue lo más grande que he vivido, era impensable estar ahí y tengo grabado el momento de perderla, no imaginas lo que fue. Merecíamos ese título, nosotros, el club y la afición, y hubiéramos pasado a la historia. Son recuerdos únicos. También fueron muy emotivos el homenaje a Vicente, que era un referente, o momentos con Cañizares, con toda la gente que he querido: Engonga, Oterol, Míchel Salgado, Salva, Gudelgj, Berges, Mazinho, Mosotovi, Villanueva... Muchísimos que me calaron muy hondo.

-¿Futbolísticamente con quiénes se queda?

-Sin duda el más grande ha sido Mostovoi, pero otros sin ser tan grandes han significado mucho también. Después de él pondría a Vlado, por el icono que era y lo que significaba para el celtismo, que ya entonces le adoraba como si llevara aquí 20 años; lo que logró era estratosférico. Y de terceros pondría a Cañizares y a Mazinho.

-Hablando del Zar, el cetlismo tiene grabado aquel episodio del Molinón.

-El Ruso era muy peculiar, muy especial, y tenía esas cosas. Se fue y decía que le molestaba una pierna y no volvía al campo, con lo que nos jugábamos. Hubo que sacarle a empujones y hora nos reímos, pero fue desagradable. El viaje en autobús de vuelta desde Gijón ni te cuento. Pero luego él se disculpó, dijo que iba a muerte con nosotros a partir de ese momento y ahí me ganó. Aposté por él cuando algunos ya querían echarle y el tiempo me dio la razón. Sabía que era el mejor jugador que teníamos, pero él era un tío ganador y ver que luchábamos por no descender le mataba. Luego, en Europa, vimos su mejor versión, porque gente como yo luchábamos con nuestras armas: disciplina, entrega... pero no su calidad.

-¿Cómo vive Patxi Salinas un partido del Celta actualmente?

-Siempre que me pilla cerca, en el campo viéndolo. Me siento involucrado tanto como gana como cuando pierde, que me hierve la sangre, y cuando un jugador tiene una mala racha, cuando le dan la baja... Ahora me encantaría que se pudiera conseguir la clasificación europea, porque son cosas que marcan a una afición y a un club. Tenemos ahí el ejemplo de Old Trafford y son experiencias que te quedan para siempre. Yo estuve allí animando como un hincha más y no lo voy a olvidar nunca. Ojalá ver al Celta en Europa otra vez.

«Me siento parte de la historia del Celta. He sido más feliz disfrutando de Vigo que los propios vigueses»

-¿Le gustaría trabajar en la entidad en el futuro?

-Por supuesto. Lo adoro y creo que podría aportar cosas. Pienso que en los clubes hay muchos puestos que se desaprovechan por no tener a las personas adecuadas, y muchos profesionales que estamos preparados, nos hemos formado, tenemos experiencia y un bagaje y nos hemos curtido. No hablo solo de mí y tampoco solo de entrenadores, sino de otras responsabilidades. Depende mucho de las directivas y con esta sé que no, pero quizá cuando haya cambio de presidencia.

-¿Qué significado tiene el Celta en su vida?

-He estado en otros clubes y les coges cariño a todos. Pero el Celta es distinto, es algo más que haber jugado allí, me siento parte de su historia. He sido más feliz disfrutando de Vigo que los propios vigueses. Muchos no son conscientes de lo que tienen.

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