El Celta transita por el Coliseum

El equipo fue como un fantasma ante el Getafe, donde solo dispuso de un disparo de Lobotka


Una pena de partido. Sin ritmo, sin ideas, sin personalidad, fallón y un punto lento e indolente. Así fue la carta de presentación de un Celta que transitó como alma en pena por el Coliseum Alfonso Pérez; fue como un fantasma que se topó con un rival entregado a la causa, con la doctrina bien aprendida y con ese punto de fortuna que está a medio camino entre la que se busca y la que se encuentra. El revés ante el Getafe fue duro por el fondo, por la forma y también por las consecuencias, porque la Europa League está mucho más cara, con febrero entrando en su recta final.

la clave

Cuestión de intensidad

El Celta probó en su propia piel la receta con la que durante los dos primeros años de Eduado Berizzo agotó a sus rivales. Fue objeto de una presión extrema de los azulones, que plantearon un fútbol tan práctico como efectivo: salieron a morder, a presionar hasta la saciedad, a encimar a cada contrario, a forzar errores y a robar el balón para lanzarse a la carrera hacia la portería de Rubén Blanco. Y todo les funcionó. Para contrarrestar tal escenario los celestes necesitaban precisión, colocación, ritmo y una adecuada salida de balón. Y carecieron de todo ello. Estuvieron imprecisos en las entregas, con problemas para sacar el balón, con la venda puesta a la hora de encontrar una vía abierta y adecuada en la que no estorbaran los azulones, y sin rastro de velocidad. En el primer tiempo les cegó el miedo y en el segundo directamente no tuvieron fútbol.

el control

Posesión sin dominio

El Celta jamás consiguió tener el partido donde quería, por mucha posesión de pelota que tuvo. La premisa en el arranque era asegurar la salida de balón y no correr riesgos, a sabiendas de cuál sería el planteamiento de Bordalás, pero lo que sucedió fue justo lo contrario. La presión del Getafe motivó un sinfín de errores y el partido se quedó sin ritmo y sin campo. Porque en ningún momento el Celta fue capaz de abrir el terreno de juego, de aprovechar la velocidad de sus bandas para buscar centros o de encontrar huecos por los que filtrar balones. Acabó con un 63 % de posesión estéril e incurrió en fallos de bulto que los getafenses aprovecharon por la vía rápida. Los balones perdidos por Aspas y Lobotka acabaron en el fondo de la red de Rubén Blanco después de que la defensa se mostrase incapaz de cortar los avances de un rival mucho más vertical y hambriento.

el ataque

La tristeza de un solo tiro

Un tiro de Lobotka que se marchó cerca del palo en el minuto 42 fue el primer y último intento serio del Celta de darle la noche a Guaita. Ese dato resume todo el rendimiento ofensivo de los vigueses, que por primera vez se quedaron sin marcar a domicilio en la campaña. La presión a la que le sometió el Getafe forzó una colección de errores celestes e impidió al equipo salir con criterio y encontrar pases. Sin un extremo diestro nato, era Hugo Mallo el encargado de subir por la banda, pero sus obligaciones defensivas le limitaron. Por la izquierda Pione Sisto apenas se iba de su par y perdía una y otra vez balones. Maxi Gómez ni intuyó el balón, Aspas tuvo el día más flojo de la temporada, y ni con toda la pólvora del banquillo mejoró el escenario. El Celta no tuvo ni verticalidad ni desmarques, y así es imposible. El equipo acabó jugando con Mor, Boyé, el moañés y el uruguayo en la línea más avanzada, pero no logró mover del tablero a un Getafe que, espoleado por el marcador y el rival, acabó haciendo sangre.

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