Dispara menos a portería, pero marca más, y defiende mejor los tramos finales
27 ene 2018 . Actualizado a las 05:00 h.El Celta de Juan Carlos Unzué está alzando el vuelo. El saco de dudas que le acompañaba al inicio de la temporada se ha ido aligerando al tiempo que el vestuario asimilaba los nuevos conceptos y creía en ellos. En los últimos tiempos, especialmente desde la visita a Riazor, se ha visto a un equipo más sólido, con las ideas más claras y que ha virado en liga hacia un fútbol más pragmático, aunque sin perder su esencia.
La visita a Anoeta de la semana pasada es probablemente el ejemplo que mejor atestigua el giro hacia el pragmatismo de los célticos. El equipo, consciente de la peligrosidad de los de Eusebio, acercó la defensa al área de Rubén Blanco y se pertrechó. Durante los primeros meses de competición, los célticos pecaron de blandos a nivel defensivo y encajaron demasiados goles, siendo conscientes de que esa es una de las facetas que deben mejorar obligatoriamente si quieren soñar con Europa.
El paso adelante en las tareas defensivas ha tenido además otra arista: desde la contienda frente al Valencia, los célticos no han vuelto a encajar gol en la recta final de sus partidos, una de las rémoras que arrastraban desde el mes de agosto. Desde el tanto de penalti de Parejo, todos los goles recibidos (uno del Villarreal, dos del Real Madrid y el de Willian José en Anoeta) han sido en la primera mitad, con la excepción del tanto que Andone marcó en Riazor cuando los vigueses ya controlaban el partido.
Los célticos han elevado grados su concentración defensiva y están aprendiendo a vivir sin tantos apuros cuando no tienen el balón. Ante la Real Sociedad manejaron solo el 44,4 % del control del esférico, y sobrevivieron. Eso no quiere decir que el equipo renuncie a sus gustos, ya que la filosofía celeste sigue siendo tener la pelota todo lo posible, aunque cada vez intentan arriesgar menos.
La clave, la efectividad
Pero si hay un elemento que sobresale por encima del resto, es la capacidad que ha desarrollado el equipo para optimizar su trabajo en ataque. El volumen ofensivo de los de Unzué se ha reducido, pero han incrementado su rendimiento. Como ejemplo, en los últimos cuatro partidos de Liga los vigueses han contabilizado 30 disparos, de los que 13 se encaminaron a portería y ocho acabaron en el fondo de la red. La efectividad céltica es sobresaliente y eso permite que el equipo rinda sin tener que vivir tanto tiempo en las inmediaciones del área rival.
Si por ejemplo se toman como referencia los cuatro primeros partidos de Liga, frente a Ral Sociedad, Betis, Alavés y Espanyol, las cifras ofensivas habían quedado en 56 disparos, diez de ellos a portería y cinco goles. Con menos, el Celta está haciendo más.
«Fuimos agarrando el ritmo y la figura del míster, que lo hace muy bien, y ojalá sigamos en el mismo camino», comentaba Maxi Gómez esta semana para explicar la evolución celeste. Su buen entendimiento con Iago Aspas o el éxito de la pizarra ofensiva, que ha seguido evolucionando, son claves para un equipo que sueña con regresar a Europa. Alto y claro.