Iago finaliza un año redondo. Pero los hechos van más allá de los números. Si para el Celta sus goles son la vida, no menos importante es lo que aporta en el resto de los factores del partido.
Aspas se ha convertido en un jugador descomunal en las dos últimas campañas para el Celta por su absoluta incidencia en el juego. Por lo que genera, por su implicación, por lo que define y por su liderazgo. La explicación a estas palabras se puede visualizar en dos partidos en el margen de seis días. El primero, ante el Villarreal, plano y sin rumbo por la ausencia del moañés. El segundo, en Riazor, con sus dos goles y la aportación al juego.
Por eso hace algún tiempo que considero que ese debate sobre el mejor jugador de todos los tiempos vestido de celeste comienza a pasar a mejor vida. Mostovoi, su ídolo y el jugador en quien se reflejaba de pequeño Iago, era un futbolista descomunal, pero en un Celta con más aires de grandeza y con reputados peloteros. Iago, maduro y sereno tras su regreso, ha entendido que solo con el ataque no se vive en el Celta, y aunque a su lado tenga mucho talento, él es el primero de la clase. El mejor de la historia.