Con ilusión se llega a octavos

Berizzo leyó a la perfección un partido en el que los célticos estuvieron impulsados por la confianza


vigo / la voz

«¡Confía! ¡Confía!» le gritaba no hace mucho Eduardo Berizzo a Hugo Mallo durante un partido. Aquel día el lateral confió. Como ayer lo hizo el Celta para escribir una página más en su historia. Y no solo en sentido figurado. Porque la tropa del Toto, más unida que nunca, creyó en la remontada. Jugó con la ilusión y la pasión que su entrenador le reclamaba, y a ello añadió el oficio personificado en Guidetti. El Celta, en 120 minutos, tiñó de celeste la noche de Járkov bajo la batuta magistral de Berizzo.

La salida

El Toto agita las ideas

El Toto necesitaba agitar a su equipo para lograr la machada y lo hizo por medio del once y el sistema. Porque decidió renunciar a músculo en el medio campo -no entró Marcelo- para buscar dos bandas veloces y fiarlo todo al ataque. El Toto armó una línea de cinco defensas con Roncaglia, Cabral y Fontás entregando los costados a Hugo y Jonny para que acelerasen el juego pegados a la línea de cal y buscasen centros precisos. La medular se quedó así en manos de Daniel Wass y el Tucu Hernández, con Iago Aspas, Guidetti y Sisto en el ataque. Un 5-2-3 que en el segundo tiempo se trocó a 4-3-3 por las necesidades y que, al final, no respondía ya a un sistema, sino al instinto y las ayudas.

Las intenciones

A por todas

 Al Celta le dio igual el gol en contra de la ida, jugar bajo cero y tener la eliminatoria cuesta arriba ante un equipo campeón. Salió sin ningún complejo y con una ambición inaudita. No se amilanó en ningún momento. Ni cuando el Shakhtar ponía a prueba a Sergio Álvarez, ni cuando se encontraban taponadas las vías de acceso a la portería rival. Jugó a su fútbol. A ser ofensivo. A presionar. A hacer un ejercicio de balón encomiable. Defendiendo a una y atacando a una. Se comprobó en las ayudas, sobre todo en el segundo tiempo, cuando los vigueses comenzaron a ganar segundos balones, a interceptar jugadas y a encontrar espacios.

La meta

Las paradas de Sergio

 Cuando al Celta le tocó sufrir, Sergio Álvarez se encargó de sostener al equipo. Lo hizo con media docena de paradas que bien valen una eliminatoria y presumiendo de acciones de todo tipo. Con las puntas de los dedos, con las piernas, a bocajarro. El recital del Gato de Catoira fue soberbio. Demostró una confianza en sí mismo propia de un futbolista bregado en mil batallas.

El ataque

La respuesta

 Aspas y Guidetti tuvieron cabida en el equipo. Y si el moañés fue el que tuvo las oportunidades más claras, fue el sueco el que se reivindicó. Probablemente John hizo uno de sus mejores partidos desde que llegó a Vigo. Por solidaridad, por movilidad, por esfuerzo y por capacidad para entender lo que el equipo requería en cada minuto. Generó peligro, habilitó a sus compañeros y tuvo el oficio de los grandes.

Tres delanteros puros y un gol del central Cabral

Una de las pegas que habitualmente se le atribuye a Eduardo Berizzo es que le cuesta leer los partidos y agitar el árbol. Sin embargo, ayer detectó lo que el equipo necesitaba y no le tembló el pulso para ejecutar las modificaciones. En el minuto 57 decidió retirar a Roncaglia y dar entrada a Jozabed. Y con ese cambio de nombres modificó también el sistema. Dejó atrás el 5-2-3 y recuperó a un 4-3-3 que, en la recta final de los 90 minutos ya no tenía ni costuras. Era, simplemente, todo al ataque.

Porque la ambición que demostró el Toto fue inaudita. A cada cambio que hacía, metía más madera. Quitó a Wass para refrescar con Bongonda el ataque, e incluso retiró a Pione para meter a Rossi. ¿El resultado? Que el Celta acabó con sus tres delanteros centros -Aspas, Guidetti y el italiano- en el campo, amén de Bongonda. A mayores, los laterales largos; un centro del campo que subía metros cada vez que podía, y hasta un central goleador.

Porque quizás esa fue la nota irónica de la contienda. El Celta logró el pase a octavos de final en una jugada de estrategia -su talón de Aquiles- y marcando un central, Cabral, cuando casi todo lo que había sobre la hierba del Metalist era atacantes.

El Celta acabó el partido más entero que su rival probablemente impulsado por la gasolina de la ilusión. La que ha regado cada partido de la época Berizzo.

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