A donde la táctica no llega, lo hace la ilusión

GRADA DE RÍO

Oscar Vazquez

De la mano de la pizarra de Berizzo, con entrega y una capacidad de sufrimiento no apta para cardíacos, el Celta remató a un rival (2-2) que nada pudo hacer frente a las ganas célticas

26 ene 2017 . Actualizado a las 13:04 h.

Es lo que tiene el fútbol. Que a veces el cartel no es suficiente. A veces la ilusión, el querer, pero querer de verdad, con intensidad, a corazón abierto, puede con los obstáculos más difíciles. Derriba murallas como la que ayer voló un Celta humilde al que pocos veían en semifinales cuando el sorteo de cuartos lo emparejó con el Madrid. Pero los célticos, de la mano de la pizarra de Berizzo, con entrega y una capacidad de sufrimiento no apta para cardíacos, hizo lo más difícil. Remató a un rival que nada pudo hacer frente a las ganas célticas.

La clave

El planteamiento. Hace años, pululaba por televisión un anuncio tan pegadizo como resultón que rezaba que la potencia sin control no sirve de nada. Y algo parecido aplicó Berizzo a la hora de preparar la ecuación anti Madrid. Consciente de que la ilusión sin táctica vale para poco, encomendó a sus jugadores que plantearan el choque como si de una partida de ajedrez se tratase. Que guardasen la posición, que siguiesen a sus marcas, que se desfondasen y fuesen solidarios. Y a eso se agarraron los célticos. Flotaron como pudieron durante la primera media hora de partido y otros tantos minutos tras el pase por vestuarios, pero luego, nadaron con libertad pero sin desequilibrar el castillo de naipes. Incluso cuando el fútbol de latigazos, a contragolpes, aparecía para amenazar al Madrid, el equipo no se descontrolaba.

Control

La clave, el balón. ¿Por qué sufrió el Celta? Porque no tuvo el balón. El Celta solo sabe vivir con la pelota pegada al pie, y eso fue lo que le faltó durante dos tramos largos del partido. Tanto, que el equipo se ahogaba frente a un Real Madrid que se apoderó de mucho campo y que obligó a los célticos a un desgaste descomunal. A pesar de ello, se vio que los del Toto eran capaces de robar balones en la parcela que Marcelo, Wass y Radoja controlaban, el trivote de gala con permiso del sancionado Tucu. Pero los errores no forzados, quizás más notables por la precipitación en el primer tiempo, generaron un buen puñado de picos de tensión. En cuanto el Celta logró poner un poco más de control a su juego, asegurar y aprovechar los balones que recuperaba, ver los espacios, el Madrid se vio desbordado.

El borrón

El balón parado. Sabía de sobra el Celta que el balón parado le podía costar disgustos, pero ni así fue capaz de ponerle coto. De falta marcó Cristiano y tras un saque de esquina remató Lucas el empate. Pero, a mayores, Ramos pudo rematar un par de testarazos escabulléndose entre la defensa. Una zaga solidaria en la que Hugo Mallo estuvo soberbio y demostró cabeza fría para convivir con una amarilla más de medio partido. El rendimiento defensivo del equipo, más allá del borrón a balón parado, fue muy alto gracias a la solidaridad total del grupo y al anticipo y la presión, en el manual del Toto.

La diferencia

Capacidad de sufrimiento. Rehacerse del achuchón inicial. Ser capaz de detener el bombardeo. Poner calma. No desquiciarte. Porque el oficio, a la postre, ayudó a un Celta empecinado en la Copa del Rey. El Toto ha sorbido el seso a sus jugadores. Les ha convencido de que este equipo puede hacer algo grande en el torneo, y los 180 minutos frente al Real Madrid alimentan la creencia. El Celta quiere su título.