De la cuna directos a Balaídos

Míriam Vázquez Fraga VIGO / LA VOZ

GRADA DE RÍO

Oscar Vazquez

Los familiares de Pablo, José y David relataban a La Voz a finales de los 90 que les habían hecho socios del Celta nada más nacer; con el paso de los años, su pasión por el equipo ha crecido con ellos

16 nov 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Sus familias lo tenían muy claro. Primero, al registro civil; después, a las taquillas de Balaídos. Y porque no podía ser al revés. José Rababán Leirós, David Díaz Arias y Pablo Gesteira David dispusieron de sus carnés del Celta nada más venir al mundo. Para ellos ser del Celta es como comer o respirar, algo necesario e irrenunciable desde que tienen uso de razón. En calidad de socios recién nacidos aparecieron en las páginas de La Voz de Galicia en los años 1997 y 1998. Convertidos ahora en jóvenes de 18 y 19 años, han mantenido viva la pasión por el Celta. «No quedaba otra», dicen entre risas. 

Pablo Gesteira David

XOAN CARLOS GIL

«Sin el Celta me faltaría algo». Pablo Gesteira David nació con un carné celeste debajo del brazo. Era la broma que le gastaban a sus padres cuando su padrino, Laureano Girón, le hizo abonado en 1998. «Sin el Celta me faltaría algo. Significa pasión, orgullo, es una cosa más de la vida», dice 18 años después el hoy socio 2.881. «Recuerdo desde muy pequeño la tradición de ir a comer el cocido a Ponteareas, de donde es mi familia, y volver corriendo ir a Balaídos. Luego mi padre en algún partido de Segunda se quedaba dormido, pero si toca Celta, toca Celta, no faltamos nunca».

Aunque asiduo del municipal vigués desde muy niño, el primer recuerdo que tiene de un partido es la rabia de no haberlo podido vivir en directo. «Era el de Champions contra el Arsenal. Tenía seis años y no me dejaron ir. ¡Mis padres en el campo y yo viéndolo por la tele!», se queja. Con el actual Celta europeo está teniendo ocasión de resarcirse. Y asegura que en ese tiempo su celtismo ha ido a más. «Cuando eres muy pequeño a veces andas por allí sin hacer mucho caso al partido o hasta te aburres. Según creces la afición es mayor, no sé ni cómo explicarlo», expresa.

No es de presumir mucho de tener los mismos años de vida que de celtista registrado. Pero hay excepciones. «No lo digo mucho, pero si viene el mítico que se hace socio ahora porque van bien las cosas sí que me toca la moral. Cuando íbamos 5.000 en Segunda aquello sí que era celtismo», reivindica.

Él ha pasado de ir al fútbol en familia -«tengo la imagen de padres, tíos, primos haciendo el tonto con cada gol»- a hacerlo con los amigos. «Ahora la tradición aes juntarnos todos en la zona de los baños de Río en el descanso y comentar el partido». Para él el Celta es innegociable. 

David Díaz Arias

XOAN CARLOS GIL

«La primera vez en Balaídos no entendía nada, pero me encantó». David Díaz Arias guarda como un tesoro el reportaje de La Voz que demuestra que la batalla que le ha contado su familia de que salió en el periódico como bebé abonado celtista es cierta. Por motivos económicos, actualmente no es socio, «pero sí celtista, muchísimo, como el que más».

Aunque quien le abonó en su día fue su padrino, el gran encargado de que la pasión celeste le corra por las venas fue su abuelo. «Él sí que sigue siendo socio, desde hace muchísimos años y está muy orgulloso de que los nietos continuemos la tradición. Muchas veces nos reunimos todos los primos con él para seguir juntos los partidos de fuera».

Pero nada como la sensación del fútbol en directo, y también en familia. «Como el abuelo es socio histórico y tiene invitaciones, voy siempre que puedo con él. Me acuerdo mucho de la primera vez, siendo muy pequeño. No sé contra quién era, ni siquiera cómo quedaron, pero aquella sensación era una pasada», rememora. Aún le vienen imágenes y sensaciones de aquel momento: «Flipé al llegar allí, con tanto ruido, gente vestida del Celta ya antes del partido por las calles. Y luego dentro gritando, animando... No entendía mucho, pero me encantó». Después, ya entendiéndolo, lo ha seguido disfrutando como entonces. 

José Rabadán Leirós

«Mi abuelo no podía esperar». Mostovoi y Catanha son los protagonistas de los primeros recuerdos celestes de José Rabadán Leirós. Pero hay un carné celtista con su nombre desde mucho antes de lo que es capaz de recordar. Le han contado que fueron a hacérselo la misma mañana que nació. «La chica de la taquilla no quería, decía que tenían que pasar 24 horas, pero allí estuvo mi abuelo rompiéndole la cabeza porque su nieto ya había nacido y no podía esperar más para hacerle socio», relata.

En su familia el carné del Celta es como el DNI. Lo tienen abuelos, padres, sus tíos, su hermano... «Me gusta el fútbol, jugar y verlo. Me lo inculcaron desde pequeño y me encanta que me hicieran socio tan pronto. No lo suelo comentar, pero tampoco puedo estar más orgulloso de ello».