¿Un mal día en la oficina?

A los celestes, con un once con cuatro atacantes, les faltó consistencia en el centro del campo


El Celta se descarrió en su puesta de largo en Balaídos. Por resultado, y también por juego, la parte más preocupante. Porque si caer ante el recién ascendido Leganés fue un palo para los de Eduardo Berizzo, más duras fueron las sensaciones que transmitieron los celestes. El juego conjuntado y en bloque que valió el billete para Europa la temporada pasada brilló por su ausencia y ninguna figura salió al rescate del equipo esa vez. Ahora a los celestes les tocará verse las caras con el Real Madrid sin ningún punto en la hucha.

El once

Una apuesta arriesgada

Berizzo salió a por todas con su once. Cargó las tintas en la línea ofensiva y despobló el centro del campo. Una decisión que se comprobó arriesgada y errónea. Amontonó hombres de ataque dando la titularidad a Aspas con Pione Sisto y Bongonda en los extremos y Orellana como diez. Marcelo Díaz y Daniel Wass fueron los encargados de la sala de máquinas, mientras que la defensa siguió el guion previsto con Hugo Mallo y Jonny en las bandas y Sergi Gómez con el debutante Roncaglia en el centro de la zaga. El defensa argentino y Sisto fueron las novedades respecto al curso pasado.

La idea

A la guerra sin medular

La puesta en escena que había ensayado el Celta emulaba a la del curso pasado. Quería la iniciativa, buscar portería contraria, disponer del balón y presionar al rival cuando no tuviese la posesión. Pero esa idea se fue resquebrajando poco a poco hasta desaparecer del todo en la segunda mitad. Los célticos no consiguieron apoderarse del centro del campo, y sin columna vertebral, nada funcionaba ante un Leganés que llegó con la lección muy aprendida y que respondió con intensidad a cada movimiento céltico. En ocasiones, jugando al límite y aprovechándose de cierta permisividad arbitral.

Problemas

Faltó juego coral

Sin un centro del campo sólido, el Celta se encontró con que disponía de un montón de atacantes a los que no llegaban balones y que quedaban en manos de la iniciativa de los laterales a la hora de subirles el esférico, o de las genialidades que Orellana, muy intermitente, pudiese hacer. Pero a los vigueses les faltaba juego coral. El fútbol colectivo y a la una con el que brillaron el curso pasado y que transmitía seguridad y confianza, no se presentó en la puesta de largo en Balaídos, y como consecuencia, o quizás como origen, se multiplicaron las imprecisiones. Errores no forzados, pases errados, deslices defensivos que masacraron la seguridad de la zaga... Un ramillete de problemas que los celestes deberán subsanar a la carrera, porque la ingenuidad ofensiva del Leganés, que marró ocasiones muy claras, no la tendrá el próximo rival de los del Toto, el Real Madrid.

La defensa

Errores de bulto

El Celta estuvo mareado en las tareas defensivas. El equipo pecó una y otra vez de desequilibrios y malos balances que milagrosamente no le pasaron factura más pronto. Porque solo la intervención de Sergio Álvarez detuvo las llegadas de un Leganés cómodo en la contra y fallón en la realización. Pero, como resurgiendo del pasado, en el tramo final llegó un saque de esquina y el castillo de naipes celestes se derrumbó.

Ataque

Más horizontal que vertical

Amontonar hombres en los últimos metros no bastó para marcar. Lo hizo Aspas, pero el árbitro pitó fuera de juego, y lo intentó con ataques intermitentes el equipo, que fue dejando cada vez más de lado la verticalidad para enrocarse en un ejercicio de horizontalidad que recordaba a momentos oscuros de otras temporadas. Bongonda, vibrante en el arranque, se fue apagando rápidamente, a Sisto todavía le queda para adaptarse a su nuevo equipo, y Aspas y Orellana tuvieron sus momentos. Pero ni así.

Los cambios

Decisiones con trasfondo

Tan descolocado vio Berizzo a su equipo que dio entrada al Tucu y Guidetti al mismo tiempo. El chileno le metió cuerpo al equipo, que por momentos se reconstruía, y el sueco fue más querer que poder. El tercer movimiento fue el más extraño. El Toto, quizás enviando un mensaje a Praza de España, retiró a Marcelo y dio entrada a un Señé que, a priori debía tener un papel secundario. Pero ni con cambios ni sin ellos.

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