El Celta se deja ir en dos minutos y cierra la Liga con una derrota que se cocinó a balón parado
15 may 2016 . Actualizado a las 05:00 h.El Celta se plantó en el Calderón con las mejores intenciones pero sin su equipo de gala y acabó encajando la última derrota del curso en dos minutos y con un arranque a balón parado. El ejercicio de solvencia defensiva del primer tiempo se fue al traste por dos pifias, y con ellas, la quinta plaza. Eso sí, delante tenía a un Atlético de Madrid que no se ahorró nada y que cimentó su victoria como más le gusta, a balón parado. En todo caso, ni el revés que ayer privó a los celestes de la quinta plaza puede emborronar una temporada enorme.
La clave
Dos minutos nefastos. El Celta fue capaz de alcanzar la segunda mitad con el marcador a ceros. Lo hizo gracias a la solidaridad defensiva y a las carreras que jugadores como Nolito se pegaron para echar una mano atrás, ya que Planas se vio rebasado una y otra vez, y el centro del campo céltico no puso la contención de otros partidos. Multiplicando carreras y con ayudas, la defensa de circunstancias -a Hugo le tocó volver a vestirse de central- frenó a un Atlético con llegadas peligrosas pero que no hacía sangre. Sin embargo, el trabajo del primer acto quedó empañado en dos minutos, el tiempo que tardaron los de Simeone en adelantarse tras una jugada de estrategia y en poner el segundo en un rechace. En ambas acciones el Celta no supo defender.
El centro del campo
Problemas en la zona clave. El Celta necesita dominar a su rival por medio del balón, y esto pasa en buena medida por que su centro del campo asuma el mando. Frente al Atlético costó lo suyo. Ni Marcelo, ni el Tucu, ni Wass tuvieron su mejor día, y Fabián Orellana, que retrasaba su posición una y otra vez, perdió más balones de los habituales. Sin la jerarquía en la medular, agobiada por un Atlético perfecto en la presión, los célticos solo eran capaces de generar ataques de forma intermitente. Cuando el equipo superaba la primera barrera colchonera, el Celta llevaba peligro, pero derribar esa primera muralla costaba lo suyo.
La precisión
Demasiados regalos. En el Calderón los del Toto tuvieron que hacer frente al rival y a sus propios errores, sobre todo a la hora del pase. Los célticos bajaron su índice de precisión entregando al Atlético demasiados balones que los del Cholo convertían en ataques. Por momentos los del Toto se tomaban excesivas licencias que les costaron más de una pérdida. Esos errores no forzados fueron demasiado generosos. En el segundo tiempo, con el Atlético más acomodado y tranquilo, los celestes apostaron por un fútbol menos encorsetado que cambió la escenografía y mejoró su porcentaje en el pase, pero los de Simeone controlaban territorialmente el terreno de juego.
El ataque
La ofensiva se seca. El Celta fue capaz de inquietar a los atléticos en la primera parte gracias a que cada vez que alcanzaban la línea de tres cuartos, aceleraba el paso y descontrolaban a la defensa. Guidetti y Nolito fueron los más enchufados en esa tarea, pero en el segundo acto solo un disparo del gaditano tras una ruleta puso en alerta a Oblak. Los vigueses llegaron al final de la temporada con las fuerzas justas y conscientes de que era muy complicado poner el broche a una campaña que ni tan siquiera una despedida con derrota puede amargar.