El Celta vivió en territorio bético, pero no fue capaz de trasladar con nitidez su superioridad
17 abr 2016 . Actualizado a las 14:36 h.A la vista de cómo acabó el partido y de la superioridad y autoridad demostrada por el Celta durante buena parte del mismo, el punto logrado ayer ante el Betis resultaba escaso. Sin embargo, lo cierto es que los sevillanos también tuvieron su momento y los celestes, aunque se pasaron casi todo el partido en campo rival, amontonaron sus ocasiones claras en el tramo final. Para ser un equipo que apuesta todo al ataque, a los del Toto les está faltando poner la puntilla. Habrá que esperar a hoy para saber si el punto conseguido ayer es bueno o si sabe a poco. La quinta plaza está en juego.
La salida
Un once inédito para Balaídos
Berizzo apostó por un once inédito en casa para hacer frente al Betis. Dio continuidad a Rubén Blanco en la portería y apostó por la misma defensa y centro del campo que en el encuentro frente al Sporting de Gijón, pero dio un giro al ataque dando entrada a Claudio Beauvue. El Toto decidió que el antillano era el hombre indicado para el costado derecho, pero su apuesta no llegó a durar ni medio partido, ya que el jugador tuvo que abandonar el terreno de juego después de lesionarse en la pierna derecha tras un mal apoyo. En el once de ayer en Balaídos la cantera solo tuvo a dos representantes, Rubén Blanco, que jugaba su primer partido de Liga en casa, y Jonny.
El arranque
Salida en tromba
Durante buena parte de la temporada, sobre todo en los primeros partidos, el planteamiento del Celta pasaba siempre por salir al terreno de juego tan revolucionado que sus rivales no conseguían seguirle el ritmo y acababan pagándolo en forma de gol. En los últimos tiempos los célticos habían suavizado ese frenesí, pero ayer el Toto consideró que la mejor fórmula para superar al Betis era machacarlo en el arranque. El problema fue que tras un ritmo demoledor durante los veinte primeros minutos, en su primera llegada clara los de Merino se adelantaron, lo que noqueó a los celestes durante un rato. Luego, los sevillanos se afanaron en cortar la continuidad del partido. Decisión que les benefició.
El juego
Combinar al ritmo de la luz
El Celta ofreció en Balaídos un espectáculo por oleadas. Dominó el arranque y el final del encuentro de una manera brutal, y durante ese tiempo el ataque total que promulga el Toto se vio sobre el césped a un ritmo vertiginoso. Con todo el equipo participando, el resultado fue un juego combinativo a una velocidad endiablada al gusto de los más estetas. Las paredes de Planas con los delanteros, los pases buscando a los delanteros, los centros de Nolito. Belleza e intención, pero muy justas de gol.
Orellana
La clave, anularle
Hoy por hoy el hombre más desequilibrante del Celta es Fabián Orellana. No por su capacidad goleadora, que también la tiene, sino porque es el jugador que deshace las defensas rivales, crea huecos para sus compañeros, cambia el ritmo en un pestañeo y da pases medidos. Lo sabía bien Merino, y por ello actuó en consecuencia. Desde el minuto uno planteó un marcaje al chileno que por momentos incluía hasta a dos hombres béticos. N´Diaye persiguió al catorce del Celta y Ceballos se sumó a la fiesta cuando era preciso. Aun así, cada vez que el balón entraba en contacto con los pies del Poeta, se generaba peligro.
El ataque
Poco con mucho
De un tiempo para aquí el Celta se ha habituado a pasarse la vida en las inmediaciones del área rival pero celebra pocos goles. Y es que, para todo el empuje ofensivo que caracteriza a los del Toto, los frutos escasos. Ante el Betis sucedió lo mismo, los vigueses, salvo en un par de arreones verdiblancos, vivieron en área rival y amontonaron jugadores en la línea de tres cuartos, pero las llegadas no fueron excesivamente claras, a los pases les faltó un poco más de precisión y las ocasiones, aun con el arreón final, no pasaron de cinco balones a portería. Menos bagaje del que cabría esperar teniendo en cuenta el acoso al que sometieron a los de Merino.
El segundo tiempo
Vertiente suicida
El Celta se olvidó de que los partidos duran noventa minutos y salió en la segunda mitad como un Miura. Se volcó en ataque de tal manera que en cinco minutos el Betis dispuso de tres contragolpes tan claros que solo la falta de finalización abortó. Los célticos no tenían ni la pelota, ni el control ni la pausa que exigía el partido. Y es que salieron a pecho descubierto, se olvidaron de defender y su fútbol a tumba abierta fuer un regalo que los béticos dejaron pasar. A los del Toto no les quedó más remedio que corregir la locura. Y el cambio de rumbo reportó un punto.