Un apático primer tiempo dejó paso a una segunda mitad mucho más intensa y con confianza
08 feb 2016 . Actualizado a las 16:44 h.Pasar página a lo sucedido en el Pizjuán la semana pasada resulta complicado. Sin embargo, el Celta cerrará la Liga habiéndose cobrado cuatro puntos ante el Sevilla: los tres de la primera vuelta y el que ayer rescató con el despertar del equipo en la segunda mitad. Porque en el segundo asalto de la semana ante los de Unai Emery, el Celta se adormiló durante 45 minutos, pero los tirones de Bongonda y el cambio de piezas sobre el resplandeciente tapete de Balaídos, con Wass moviéndose al lateral, lograron insuflar ánimo, fuelle y confianza al equipo y a la grada. Y fue entonces cuando el Celta creyó en sí mismo y volvió por sus fueros. A por todas.
El once
Los cambios obligados. Sin Hugo Mallo ni Fabián Orellana, sancionados, Berizzo apostó por Beauvue para el ataque y por Planas para el lateral. La ausencia del Poeta, eso sí, propició matices en el centro del campo. Wass, que ya se había acostumbrado a un papel más conservador, cedió su lugar a Pablo Hernández, que con su altura era el encargado de bajar todo el balón aéreo, mientras que el danés funcionaba como verso libre al más puro estilo Orellana. El Toto reservó hasta la segunda mitad a Guidetti, dejando como referencia ofensiva a Aspas. Un Aspas que junto a Sergio y Jonny conformaban toda la presencia de la cantera en el once, mientras el número de extranjeros ascendía ya a cinco.
La dinámica
Una tarde, dos caras. Una parte al ralentí y otra con el equipo reencontrándose con su fútbol fue lo que deparó el duelo ante los de Emery. Aunque los vigueses intentaron llevar siempre la iniciativa y el peso del partido ante un Sevilla encantado con el papel de invitado, la posesión y el control no se tradujeron ni en ocasiones ni en sensación de peligro en la primera parte, ya que los vigueses jugaban al tran tran y en los últimos metros se le fundían las ideas. Solo las arrancadas de Bongonda sustentaban a un grupo que tras el paso por vestuarios cambió radicalmente su actitud. Creyó en sí mismo, combinó, subió al ataque, se mostró incisivo, mordió hasta donde el cansancio se lo permitió y luchó por la remontada, sin caer en instintos suicidas. De repente, el fútbol y la peligrosidad que había maravillado en el arranque liguero, reaparecieron, aunque en menor medida, en Balaídos.
El gran problema
Errores no forzados. El mayor enemigo del Celta ante el Sevilla fueron sus propios errores. Los fallos no forzados del primer tiempo penalizaron al grupo del Toto al límite. Pases arriesgados cerca del área, balones mal medidos en zonas peligrosas del terreno de juego, malos controles sin tener a un rival presionando y un amplio repertorio de fallos pusieron en bandeja el partido a un Sevilla que en ningún momento se enfundó el traje de faena. El gol de Carriço surgió de un saque de esquina que hubiera sido evitable, y la presión y las ayudas célticas, jugando con uno más desde el minuto 27, no surtieron efecto hasta después del descanso.
La clave
Wass gira al lateral. Berizzo optó por un doble cambio en el minuto 61 -con Guidetti y Marcelo Díaz sustituyendo a Jonny y Radoja- que funcionó a la perfección. Sobre todo, porque la necesidad de desplazar a Wass al lateral derecho para ocupar el puesto del de Matamá hizo que el equipo viviese sus mejores minutos con el danés descosiendo la banda hispalense y sacándose de las botas un perfecto centro para que su compañero de banda, Beauvue, subiese el empate. Díaz, mientras tanto, dio una lección de criterio en el centro del campo que resulta alentador de cara al futuro. Beauvue se estrenó como goleador en la ocasión más difícil de la que dispuso y su tanto supone un punto de ambición.