El Celta quiso y no pudo. Echó en falta más carácter en la medular y más chispa en el ataque
11 ene 2016 . Actualizado a las 13:13 h.El Celta llegaba al duelo con el Atlético con una herida abierta en el centro del campo. El adiós de Augusto Fernández fue como recibir un tajo en la línea de flotación, y el paso de los de Simeone por Balaídos no hizo más que echar sal sobre la llaga en la que el Celta se volvió un poco más pequeño. El mal estado del terreno de juego y las ausencias están agotando al equipo.
El planteamiento
Una versión mixta. Con el tapete hecho jirones y con un centro del campo que necesitaba superar a su anterior inquilino, Berizzo decidió probar fortuna con una fórmula mixta. Como renunciar a la identidad es harto complicado, el Celta mezcló un
el fútbol al piso que tanto le gusta con una versión más directa muy del gusto de su rival. En la primera mitad, mientras bajaron la pelota, Orellana siempre estuvo involucrado. Tanto para la salida del balón como para romper en los últimos metros. El problema fue que el ideario de Berizzo se fue resquebrajando con los minutos y los goles, y al final de la identidad del Celta no quedaron más que el esqueleto y las ganas. Porque la propuesta directa de buscar Sergio en largo a Iago Aspas pasó con más pena que gloria, puesto que el delantero de Moaña estuvo de lo más discreto entre los centrales de Simeone, que demostraron que van sobrados de velocidad.
La medular
Radoja y dos más. Radoja se vistió de Augusto, pero el serbio ni tiene la jerarquía ni el rodaje del internacional argentino, por lo que la intensidad del Atlético, con su agresividad y su tensión, acabó machacando a una medular en la que Pablo Hernández dejó destellos de calidad, pero estuvo intermitente, y en la que Orellana actuó como mediapunta, desplazando a Wass a la banda. El chileno, para no variar, lo fue todo en la primera mitad. Lo poco o mucho que hacían los vigueses pasaba por sus piernas, pero es imposible que El Poeta robe, centre y remate al mismo tiempo.
Las claves
La precisión fue a menos. Si algo definió la primera media hora del Celta fue la corrección. El equipo estuvo bien colocado, atento a las ayudas cada vez que el Atlético asumía el control, y ganándose los balones divididos, los rechaces y las disputas. Pero a medida que los del Cholo se enchufaron, los errores se sucedieron. Los forzados y los propios, porque ayer, sobre todo en el segundo acto, quizás a causa del cansancio, las entregas acabaron siendo telegrafiadas y los pases imprecisos, una losa en el menguante rendimiento local. La defensa, con errores de bulto en el segundo acto, no quedó en mejor lugar.
El debe
Temor a la portería. La timidez que el Celta mostró a la hora de rematar fue antológica. Y ahí estuvo su gran problema en el arranque. Como si se sintiese inseguro, dejó que sus peligrosos robos en la línea de tres cuartos pasasen sin pena ni gloria al no osar rematar. Iago Aspas, que en otros tiempos se lamentaba cada vez que alguien le quitaba la opción de disparar, ayer vivió de espaldas a Oblak, eternizándose una y otra vez ante la defensa colchonera, habituada a responder a la velocidad de la luz y sin contemplaciones. No acabar las jugadas constituyó una carga demasiado pesada para un Celta que vio cómo el Atlético, salvaguardando, apretando y machacando, reinaba bajo la lluvia.
El panorama
Añorando a los ausentes. Si bien el Celta puso empeño, ante el Atlético acabó pagando muy caras las ausencias. El equipo clama por un mediocentro y por la vuelta de Nolito. Lo necesita para recuperar su esencia, su fútbol, la confianza y para cortar una racha de tres derrotas desconocida hasta e momento. De lo contrario, Europa se irá por la alcantarilla.