A veces la referencia de las personas nos viene dada por su figura pública, sus logros, sus éxitos más señalados. Y otras veces nos llega del lado de algún detalle ínfimo que a los demás bien puede tenerlos sin cuidado. Cuando pienso en el Toto Berizzo no me viene a la memoria su muy exitosa carrera como jugador, ni su ya más que consolidada profesión de entrenador. Lo que me viene a la memoria es un almuerzo que compartimos en Buenos Aires, más precisamente en el muy tanguero barrio de San Telmo y más precisamente en compañía del gran Jorge Valdano y de algunos amigos periodistas.
Fue en 2011, el mismo día en el que Marcelo Bielsa se convirtió en entrenador del Athletic. Y no es casual la referencia. En ese almuerzo de hombres futboleros tanto el Toto (jugador de Bielsa en la selección y su ayudante de campo en la dirección técnica de la selección de Chile) como Jorge Valdano (compañero de Bielsa en su etapa formativa, en Newells Old Boys de Rosario) fueron hilvanando anécdotas, recuerdos y referencias por espacio de tres horas que a los demás comensales se nos pasaron en un suspiro. No solo en relación a Bielsa, sino a la perspectiva de cada uno frente al fútbol, el trabajo, las culturas en las que les había tocado transitar.
Y mientras los escuchaba hablar, tanto a Valdano como a él, pensaba en lo muy sabios que eran esos dos hombres que la vida me había puesto enfrente.
Será que uno está siempre atento a las virtudes propias de su oficio. Y como escritor siempre admiro a la gente que sabe observar, sabe recordar lo observado, y sabe narrar lo recordado. Todas ellas son claras virtudes de la inteligencia. Como lo es, también, la calidez afectuosa en el recuerdo de las otras personas. El Toto Berizzo es un tipo que sabe escuchar a los demás y que sabe mirar lo que tiene alrededor. Y sabe, como los buenos narradores, encontrar el tiempo y la melodía para darles movimiento. Y estoy seguro de que esas condiciones tienen mucho que ver con lo bien que trabaja. Ser un entrenador, ser un conductor de hombres, requiere de un delicado oficio: saber escuchar, saber ver, saber decir, saber relacionar, saber estar. El Toto me lo demostró en la cancha y al borde de ella. Pero sobre todo me lo demostró en un almuerzo invernal en Buenos Aires, en San Telmo, un día cualquiera.