Orellana, el rey del desorden

Lorena García Calvo
lorena garcía calvo VIGO / LA VOZ

GRADA DE RÍO

MIGUEL VIDAL | Reuters

Su libertad para moverse por todo el ataque le convierte en un jugador desequilibrante y letal

21 oct 2015 . Actualizado a las 12:22 h.

Si el fútbol es un estado de ánimo, el de Fabián Orellana es de felicidad pura. Plena. Ocho jornadas le han bastado y sobrado para desembalar sobre el césped lo mejor de su repertorio y demostrar que la etiqueta de internacional no le va grande. Al contrario. Parecen pocos los minutos que le confió el seleccionador Jorge Sampaoli en la última convocatoria con el combinado chileno a la vista del momento futbolístico que atraviesa El Poeta.

Libre de ataduras, Orellana está haciendo más poesía que nunca con el balón. Y poesía efectiva. A simple vista, el desbarajuste de su colocación invita a pensar en el descontrol, pero nunca la anarquía del chileno le ha sentado mejor al Celta. Moverse por todo el frente del ataque, dejando huérfana la derecha que la lógica le asigna, ha pasado a ser un arma clave en las manos de Eduardo Berizzo, que a falta de un hombre de confianza y contrastado que situar en ese costado, ha optado por dar carta blanca a Fabián para que haga diabluras.

Así, aunque su punto de partida habitual es por delante de Hugo Mallo, resulta habitual encontrarlo abriéndose camino hacia el centro del ataque, incluso aproximándose a Nolito, rondando el área pequeña y actuando por detrás del punta con total libertad. Así es como desconcierta a los rivales. Con un constante ir y venir que dificulta las marcas y obliga a los defensas a estar preparados, porque desde cualquier punto puede aparecer el chileno.

Aunque se presupone que su función es la de extremo, de las 17 ocasiones que ha generado en lo que va de Liga, el 70 % las ha impulsado en el centro del ataque, mientras que el 23 % nacieron en la banda. La diestra es su punto de partida, pero todo el ataque entra en su área de acción. De hecho, los tres goles que lleva marcados hasta el momento surgieron de cara a la portería. El del Villarreal con un disparo sorprendente, y ante el Las Palmas y el Levante, con el chileno dentro del área grande y viendo de frente al portero. A esos tres goles el Poeta suma ya tres asistencias, y sus números no dejan de crecer. Aunque incluso más allá de las cifras, es su capacidad para generar peligro la que le bendice. Nolito y Iago Aspas se han convertido en sus perfectos compañeros de travesuras, y el entendimientos entre los tres atacantes ha disparado al tridente y al equipo a los altares de la Liga.

La anarquía más estructurada

El curso pasado, cuando el Toto hizo de la necesidad virtud y recolocó a Orellana en la media punta dejando a Santi Mina en la derecha, se vio al mejor Celta. Este curso el técnico no dispone de un jugador con el perfil del hoy valencianista y ha preferido situar de partida al chileno en la banda, pero con permiso para abandonarla. Berizzo, consciente de que la magia del internacional surge en todo su esplendor cuando se le libera de cualquier encorsetamiento, ha dotado al internacional chileno de ese rol diferente que obliga a sus compañeros a alternar también sus posiciones.

Cuando la banda queda libre, o Daniel Wass o Hugo Mallo se encargan de ocupar su zona de influencia. El lateral de Marín ya se ha acostumbrando a moverse por territorio rival, pero cuando el contrario toma el control, sabe que Orellana, que ha asumido como nadie la idea de que todos defienden y todos atacan, también le echará una mano y retrocederá metros para recuperar el balón. De la desidia del Fabián que regresó a Vigo procedente del Granada y al que Luis Enrique abrió la puerta de salida, no queda ni rastro. Incluso en el capítulo disciplinario Fabián va encontrando el equilibrio. Lleva dos tarjetas amarillas, y solo una ha sido por protestar al árbitro. No todo puede ser perfecto.