El Celta hizo una primera mitad inmensa y recuperó el pulso tras el gol rival
21 sep 2015 . Actualizado a las 13:08 h.Emoción y razón se dieron ayer la mano en el Celta. Convergieron en un equipo que fue capaz de exprimir su físico para componer melodías con el balón, pero que también presumió de inteligencia y capacidad de sufrimiento cuando el viento no le fue favorable. Dos caras que se complementaron bajo los rigores del Pizjuán y que permitieron a la tropa de Berizzo vencer a uno de los equipos con mejor fondo de banquillo de la Liga, y once contra once.
El planteamiento
Crear y destruir. El Celta ofreció una clase magistral de creación y destrucción condensada en 45 minutos. Demostró que con el balón en los pies es capaz de generar un juego alegre, combinativo, intenso, vibrante y sobre todo peligroso que nace en los centrales y desemboca en un ataque letal, pero también dejó ver que cuando no tiene la pelota sabe cuál es su misión: la de destruir al oponente. Y eso hizo con el Sevilla de Emery. Lo sometió a un ejercicio de presión tal, que acabó cortocircuitando a uno de los planteles más potentes del campeonato. Lo encerró a base de achuchar, recuperar balones, hacerse con cada pelota dividida y devorar metros. Fue tal el acoso celeste en el primer acto, que el Sevilla apenas tuvo un par de llegadas con el descanso al caer, y a la media hora su técnico ya había movido el banquillo.
El sufrimiento
La inteligencia. La salida en tromba sevillista tras el descanso hizo que se intercambiasen los papeles, y donde había acosado el Celta, lo hizo después el Sevilla. Aunque durante algunos minutos los célticos perdieron la posición en el campo, fueron capaces de echar mano de inteligencia y sacrificio para bajar las pulsaciones de los sevillanos. ¿Cómo? Introduciendo a Radoja en el centro del campo, casi pegado a los centrales y convertido en la sombra de Llorente, y dando pausa al partido. Ralentizar el juego, recuperar la pelota y buscar contras sin exponerse fueron la receta del Toto, esta vez frutífera y aplaudida en un partido en el que el Celta acabó presumiendo de control.
La solidaridad
Cuestión de colocación. Los primeros veinte minutos del segundo tiempo fueron una agonía para los celestes. El equipo perdió el balón, y con él, el control del partido. En cuanto puso pausa, fue capaz de ralentizar de nuevo las pulsaciones de un rival envalentonado por el gol y la necesidad. Parte del éxito celeste de recuperar el control estuvo en el sistema. Wass renunció a parte de la libertad que le daba el 4-3-3 de arranque para situarse mucho más cerca de Augusto. El equipo dio un paso atrás, para tomar impulso, y la apuesta resultó ganadora.
El ataque
Letal y variado. El Celta del primer tiempo ofreció un espectáculo ofensivo. Su oda a la ambición fue tal que el equipo atacaba de manera casi constante con hasta siete jugadores, puesto que los Jonny y Hugo se convirtieron en extremos que buscaban habilitar a los tres hombres de arriba, y Hernández y Wass se sumaban a la fiesta constantemente. La movilidad de Orellana, los desmarques de Aspas y la peligrosidad de cada jugada que pasa por los pies de Nolito sacaron los colores a los sevillanos. En el segundo acto los contragolpes fueron un recurso, aunque a los vigueses les costó más explotarlo.
Nemanja Radoja como método anti Llorente
Desde que Berizzo asumió la dirección del Celta, una de sus rémoras ha sido la gestión del banquillo. En el Sánchez Pizjuán, sin embargo, su vocación ofensiva y la ambición que acompaña a sus planteamientos no le nubló las ideas, y los dos cambios, el de Radoja por Hernández y el de Guidetti por Aspas -el de Fontás por Cabral fue obligado- resultaran acertados. Sobre todo, el del serbio.
Ya lo había anunciado Berizzo: «Radoja ahora sí está en condiciones de competir. Está en plenitud. Ha encontrado la forma con la que llegó», superadas sus molestias.
El centrocampista, con un trabajo silencioso, discreto y constante, fue vital para los intereses celestes, ya que aportó serenidad a la defensa y, sobre todo, secó a Fernando Llorente, el hombre que había hecho estragos en la zaga céltica y que buscaba liderar la remontada sevillista.
Radoja retrasó su posición hasta situarse casi entre los centrales, pero mantuvo cierta libertad a la hora de acompañar a Llorente en sus intentos por conectar con el balón. Incomodó al campeón del mundo, le presionó y redujo las cargas de peligrosidad que habían dado esperanza a los sevillanos. Le incordió a la hora de buscar balones aéreos y con ello minimizó las opciones sevillistas. Radoja aportó serenidad y control, dos elementos que el Celta había echado en falta ante el Las Palmas una semana atrás.
Berizzo no quiso experimentos y su último cambio fue hombre por hombre. Guidetti entró por Aspas para evitar que el moañés, amonestado, se metiese en líos, y, de paso, para intentar exprimir su envergadura. El sueco dio un paso adelante y dejó muestras de calidad en una internada por la izquierda en el área que no encontró rematador. El campeón de Europa Sub-21 puso más pausa y control en los últimos metros, demostrando capacidad para leer el partido.