El Celta se pierde en la neblina

Velasco Carballo se cruzó en el camino de los vigueses, que echaron de menos su intensidad


VIGO / LA VOZ

Las tres victorias consecutivas siguen siendo una asignatura pendiente en un Celta que, tras el subidón de las victorias ante Atlético y Deportivo, tuvo que encajar el golpe de empatar de penalti en los últimos minutos en un partido en el que el brillo del fútbol céltico se ausentó de Balaídos. El equipo de Eduardo Berizzo se limitó a cubrir el expediente, pero Krohn-Dehli, en el día en que la grada reclamó su continuidad, marcó su primer gol de la temporada. Un gol que un penalti más que dudoso se encargó de anular a ultima hora.

EL ONCE

Mallo vuelve al lateral. Berizzo hizo suya la máxima de que si algo funciona lo mejor es no cambiarlo, y reeditó el once de Riazor con el único cambio obligado del lateral derecho. Tras cerca de dos meses en blanco, Hugo Mallo volvió a jugar en la defensa céltica, mientras que en ataque Charles fue de nuevo el hombre elegido para servir de referencia.

LA CLAVE

La intensidad. El mayor reto al que se enfrentaba el Celta ante el Elche, más allá de los que le imponía el rival, era mantenerse fiel a la intensidad con la que se enfrentó al Atlético y al Deportivo. Y ahí falló. El equipo de Berizzo saltó al césped de Balaídos desangelado, lo que propició que el conjunto ilicitano fuese sintiéndose cada vez más cómodo sobre un césped empapado que jugaba en contra de los locales. El hecho de que los visitantes acabasen con la posesión a su favor -amén de los disparos y los balones aéreos en el primer tiempo- resume la neblina que azotó el fútbol céltico en los primeros 45 minutos. Bien es cierto que el equipo espabiló tras el paso por vestuarios, pero atrás quedaba la sensación de que se había desperdiciado todo el primer acto.

EL DEBE

La presión se diluyó. El fútbol del Celta nace de la presión con la que es capaz de amargar al rival y jugar, puesto que para dominar el balón y encontrar espacios, necesita exhibir fortaleza. Ante el Elche los vigueses estuvieron tan blandos que los balones divididos acababan casi todos en poder de los de Fran Escribá en la primera mitad, y lo mismo sucedía a la hora de armar ataques. En el segundo acto el Celta consiguió imprimir más vida a su fútbol, robó más balones y fue más intenso a la hora de cortar la continuidad ilicitana, pero aun así echó de menos muchas revoluciones. La precisión en el pase de los célticos se quedó en un 79 %. Las pérdidas de balones en el primer tiempo fueron otro de los debes del equipo.

LA DEFENSA

El gol encajado, de penalti. La defensa del Celta ha ganado enteros en las últimas semanas. Tras encajar un solo gol en todo el mes de febrero, los vigueses vieron cómo su casillero en contra se movía ayer de penalti. Hasta ese momento el equipo del Toto había mostrado una faceta muy seria en el trabajo defensivo con escasas concesiones al rival. Las constantes ayudas son claves un equipo que ayer tuvo que convivir con tres de sus defensas y su pivote defensivo amonestados desde bien pronto. La cara negativa del trabajo defensivo celeste ayer radicó en ciertos excesos de confianza que, si bien ante el Elche no pasaron factura, ante otro rival de más enjundia podrían haber sido peligrosos.

EL ATAQUE

Un gol del centro del campo. En el primer tiempo Charles fue un islote en las inmediaciones del área del Elche. La falta de intensidad con la que salió el Celta se tradujo en la parcela ofensiva en un fútbol sin profundidad ni velocidad, y que echaba en falta un buen último pase. Las escasas ocasiones en las que los de Berizzo amenazaron la portería de Tyton fue en acciones de calidad en las que Nolito y Orellana sacaban a relucir su fútbol. En el segundo tiempo, cuando el equipo subió su ritmo, llegaron las oportunidades, y esta vez fue un centrocampista, Krohn-Dehli, el que subió el tanto vigués. La jugada reunió a la extraña pareja, puesto que centró un lateral, Jonny, y remató el danés, que, si bien normalmente es el motor del equipo en ataque, su aportación goleadora es mínima.

LA POLÉMICA

El penalti que no existió. Aunque al tran tran, el Celta fue capaz de sacar adelante un partido sin brillo que Velasco Carballo, desde el punto de penalti, se encargó de arruinar. El colegiado se sacó de la manga una pena máxima que no fue tal para dar al traste con el trabajo céltico. Un castigo excesivo para un Celta que, sin el oropel de otras ocasiones, a los puntos, ya se había hecho acreedor del triunfo.

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