El Celta tuteó al líder de la Liga, pero su esfuerzo y osadía no tuvieron recompensa
10 feb 2015 . Actualizado a las 17:09 h.El Celta no pudo atar los puntos, pero sí se hizo acreedor del reconocimiento a su valentía, a su propuesta futbolística y a su capacidad para tratar de tú a tú al líder de la Liga. A los vigueses solo les faltó el gol. Ese que el Barcelona, con su tridente ofensivo de relumbrón y millones, encontró sin embargo en la cabeza de un central en la única pega defensiva de los vigueses en 93 minutos.
El once
Aspirando a jugar y ganar. La palabra cobardía no existe en el diccionario de Eduardo Berizzo, que ayer, ante el líder de la Liga, decidió vestir a su once de jugones e internacionales para tutear a un rival que llegaba espoleado por el resultado matinal del Real Madrid. Con la defensa ya clásica, y el ataque de gala, la única línea sobre la que quedaban dudas era la del medio campo, y fue ahí donde el técnico argentino sorprendió. Armó un doble pivote con Augusto Fernández y Michael Krohn-Dehli, ofensivos por definición, y situó a Pablo Hernández como mediapunta para intentar conectar con los hombres de arriba.
El planteamiento
A por todas. El Celta dejó claro en el primer cuarto de hora que no iba a ser contemplativo. Se olvidó del nombre de su rival, echó mano de la presión y buscó el balón a tumba abierta. El baño de intensidad con el que los célticos barnizaron su fútbol pilló por sorpresa a un Barcelona que no se encontró cómodo, que perdió balones una y otra vez y que no consiguió que su sala de máquinas carburase. Ese fue el mérito del Celta, ahogar la zona de creación del Barça y obligar a los delanteros a que se buscasen la vida por sí mismos. Incluso en la segunda mitad, cuando el equipo de Luis Enrique asumió la posesión del balón apoyado por la entrada de Xavi Hernández, los célticos intentaron mantenerse fieles a su propuesta. Claro que para entonces el enorme desgaste del primer tiempo ya había entrado en escena.
La defensa
Mathieu empañó el trabajo. Intensidad, solidaridad y concentración fueron las ideas con las que el Celta afrontó el partido a nivel defensivo. Medir esfuerzos con Messi, Luis Suárez y Neymar requería la mejor versión de los vigueses, y esa fue la que apareció en la primera mitad, en la que el Barça solo dispuso de un par de disparos obra más de la genialidad del argentino que del agobio creado por el rival en su conjunto. El Celta comenzó defendiendo en Larrivey y acabó en Sergio Álvarez con la solidaridad y las ayudas presidiendo el trabajo. Hugo Mallo durmió a Neymar en el primer acto y Messi, el más vivo de los tres, puso a prueba a toda la línea defensiva y Luis Suárez conoció la destreza de Jonny. Solo Mathieu, en estrategia, manchó el trabajo de los célticos al saltar por encima de Fontás para dar los tres puntos a su equipo.
El centro del campo
La zona en disputa. El Celta supo desde el primer momento que la línea de flotación del Barcelona estaba en su centro del campo, y a base de multiplicar la presencia de sus jugadores, y amparado en un Augusto Fernández mayúsculo y derrochador en su esfuerzo, cortocircuitó la zona de creación del Barcelona. En el primer acto todos los balones divididos y las disputas se tornaba celestes, y solo la entrada de Xavi y la factura al esfuerzo físico consiguieron anular el dominio celeste.
La pelota
Sufrimiento sin balón. Las estadísticas hablan de un 38 % de posesión celeste frente al 62 % de los catalanes. Sin embargo, a nivel de sensaciones el duelo no resultó tan apabullante. Eso sí, quedó claro que el Celta, sin balón, se deshincha peligrosamente, y mucho más ante un rival como el Barcelona, dotado de sobrada calidad y que cada vez que disfrutaba de posesiones era capaz de avanzar metros y generar una enorme incertidumbre.
El arbitraje
Un trabajo sibilino. El arbitraje de Vicandi Garrido fue más de trazo fino que grueso, pero en nada ayudó a un Celta que reclamó un penalti sobre Nolito y que protestó un buen puñado de faltas y de pequeñas decisiones que, al final, acaban pesando en el partido.
El ataque
Los fallos se pagan. Siete disparos a portería, uno entre los tres palos, es el resumen numérico del ataque céltico, que echó en falta sobre todo puntería, puesto que Larrivey en dos ocasiones bien pudo adelantar a su equipo y cambiar el signo del encuentro. Nolito se destacó como el más enchufado en los últimos metros generando peligro, sacando los colores a Dani Alves y transpirando calidad.
Los vigueses fueron superiores en el primer tiempo y sufrieron cuando se quedaron sin balón