Vigo / La Voz

El Celta lo hizo todo en el Sánchez Pizjuán. Todo, salvo ganar. Como si mil maldiciones pesasen sobre los célticos, el esfuerzo, el fútbol, el juego coral, el control y el instinto de supervivencia de quien es capaz de rehacerse de una expulsión tempranera y discutible, no bastó para puntuar. La herida se agiganta por la falta de gol, aunque el fútbol y el esfuerzo del equipo sirven como leve anestesia para la sexta derrota consecutiva.

El momento

Una barrera invisible

Veinte minutos. Eso es lo que acostumbra a durar la alegría en el Celta. En unas ocasiones por defectos propios y en otras, como ayer en Sevilla, por la «colaboración» arbitral, cada vez que el cronómetro supera el minuto veinte, es como si el suelo comenzase a temblar para los célticos. Por lo general, ese es el tiempo que los hombres del Toto son capaces de sostener su presión asfixiante y su salida en tromba. Sin embargo, ayer en el Pizjuán fue Velasco Carballo el que empujó al precipicio a los celestes. El colegiado tiñó de rojo una entrada de Carles Planas que bien podría haber sido amarilla. Excesivo castigo para un equipo que fue capaz de sobreponerse a la estocada de verse con diez desde el minuto veinte y al 1-0, pero que no logró convertir en goles su esfuerzo.

La clave

El balón parado

El balón parado en campo rival se ha convertido en el peor enemigo del Celta, que ya se ha dejado puntos por el camino por ser incapaz de sacar provecho a sus jugadas. Ayer la tarjeta roja que vio Planas surgió tras una acción a balón parado que los celestes no supieron rematar y que se transformó en contragolpe para el Sevilla. La finalizar las acciones se ha convertido en una materia pendiente para los vigueses, un grupo que se ve especialmente penalizado en esta faceta por su tendencia a acumular hombres en ataque. Bien es cierto que más allá de la falta de Nico Pareja que acabó en gol, y en la que Sergio Álvarez pudo hacer algo más, la defensa céltica no pasó apuros. La solidaridad del equipo y un Sevilla gris le permitieron vivir con tranquilidad en su campo. El problema, una vez más, estuvo en el área rival.

El panorama

Dominio, una vez más

Al Celta le dan igual los escenarios. Lo demostró una vez más en Sevilla, donde ante un equipo de Europa, y jugando con uno menos, logró reconstruirse, armar su fútbol y controlar el partido. Lo hizo, sobre todo, a través del balón y con un centro del campo en el que Krohn-Dehli brilló con luz propia. El danés ofreció una clase magistral de fútbol. Cortó, recuperó y generó juego. En el primer acto su trabajo tuvo el refuerzo de un Radoja intenso y mucho más ambicioso a la hora de avanzar metros, si bien el serbio tuvo que contener su osadía tras quedarse con uno menos el equipo.

El gol

El número de la bestia

El Celta continúa empeñado en dejar bien alto el listón de la falta de gol. Siete partidos sin marcar, 666 minutos -el número de la bestia- es el nuevo registro en el que los del Toto han situado su récord. Dos remates de Charles y un balón al travesaño de Santi Mina fueron las ocasiones más claras para los celestes, que sin embargo siguen romos en los últimos metros. Los dos delanteros fueron los encargados de formar junto a Orellana -que se apostó en la izquierda- la línea de vanguardia diseñada por el entrenador y que tan solo duró media hora a causa de la expulsión de Planas. La falta de confianza en los metros finales se ha convertido en una losa que los célticos no consiguen quitarse. Lentitud en el remate, exceso de colocación o simplemente malas elecciones de tiro son el repertorio habitual de un Celta que, al menos ayer, dio la sensación de ser menos previsible. Aunque el resultado fuese el mismo.

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El Celta, en el precipicio del minuto veinte