Un estirón pendiente de las dos áreas

Xosé R. Castro FONDO NORTE

GRADA DE RÍO

Luis Enrique llegó cargado de ilusión. El entrenador perfecto para que el Celta pegase el estirón después del milagro del junio pasado. Bajo sus directrices hizo su primera incursión en el mercado el club para reunir a un plantel solvente. Que la consolidación no llegase bajo la teoría del cuatro por ciento al que se aferró con éxito en el curso pasado, aunque desde el principio el discurso del gijonés ha sido el de la salvación de cualquier manera.

Por momentos el fútbol del Celta ha sido un cheque para la esperanza, pero sin resultados, hasta a la idea colectiva del juego a través del balón le han entrado las dudas. Tantas, que el equipo ha estado al filo del precipicio de principio a fin. Con visita incluida a la zona roja.

Luis Enrique anunció en su día una salida diésel de sus equipos. De menos a más, como le sucediera en el Mini Estadi y en el Olímpico de Roma, pero la máquina celeste ha tardado una vuelta en actuar como un reloj. Con destellos, pero sin continuidad.

Porque el manual dice que un equipo alcanza sus objetivos en las dos áreas, y en esos metros, en donde se decide el fútbol, es en donde ha fallado el Celta. Por falta de contundencia atrás y de puntería arriba.

La línea defensiva ha sido una ruleta rusa en cuanto a combinaciones. Hasta nueve diferentes ha fabricado Luis Enrique. En la delantera el reparto de actores ha sido menor, pero la sequía es evidente. Al margen de los goles de Charles, esparcidos en el tiempo, ha sido la segunda línea quien ha venido paliando, en parte, el déficit.

Por eso el Celta de Luis Enrique llega con el aprobado raspado al paso del ecuador. Con mucho margen de mejora y con la confirmación pendiente. Para el futuro del técnico y para la estabilidad del proyecto.