El celtismo apoyó al equipo de principio a fin pese a las dificultades
30 oct 2013 . Actualizado a las 12:40 h.Lleno a reventar en Balaídos. La visita del líder, tal y como se preveía, propició que apenas quedaran butacas libres en un estadio que se volcó con su equipo de principio a fin como en las grandes ocasiones. No se vino abajo pese a los apuros que pasó su equipo ni pese a que las circunstancias fueron adversas en todo momento, sin apenas margen para las esperanzas locales.
El ambiente fuera de Balaídos en las horas previas ya presagiaba lo que se viviría dentro, donde el himno a capela retumbaría luego desde las gradas en las gargantas de una afición a la que ni el prematuro primer gol del Barça callaría por mucho tiempo. Con algunos culés también en las gradas, se vieron flashes y celebraciones muy escasas y muy tímidas de los goles visitantes.
Se oyó al celtismo animar sin descanso, sin que el jarro de agua fría en el que se iba convirtiendo el marcador hiciera mella en su ánimo. Es más, continuaron con más fuerza si cabe tras los tantos que acabaron suponiendo la derrota.
Se le oyó también protestar. Lo hizo la afición de manera airada con más de una decisión arbitral, como las tarjetas amarillas que vieron los jugadores del Celta. Pero, sobre todo, saltaron de los asientos con la decisión de Fernández Borbalán de anular a Nolito un gol que desde las gradas de Balaídos se vio como legal. Y no se lo perdonó al colegiado, que fue duramente recriminado con pitidos tanto en el intermedio como al final del partido. Se la tenía guardada ya el público por su actuación en el enfrentamiento entre los dos conjuntos en el Camp Nou la temporada pasada, cuando también los vigueses habían salido perjudicados de una decisión más que polémica.
Con la mente ya puesta en Sevilla y, seguramente, también con el recuerdo de la reciente goleada al Málaga lejos de Balaídos, el estadio despidió a los suyos con aplausos. Toca esperar que la primera victoria en casa pueda llegar contra el Rayo Vallecano.