Remontada mirando al Madrid

Tras desperdiciar la primera parte, el Celta reaccionó a tiempo


Vigo / La Voz

A menudo se dice que los triunfos «in extremis» dejan todavía mejor sabor de boca. El del Celta frente al Almería siguió ese signo, aunque a un precio caro. Exigiendo a la plantilla un esfuerzo al límite en una semana más que exigente. Habrá que esperar al domingo para comprobar si ese esfuerzo pasa factura ante el Levante, pero por lo de pronto, lo cierto es que el Celta está en octavos de final, y su próximo rival es el Real Madrid.

El once

Un equipo para remontar. Paco Herrera no se guardó nada. Sacó a sus titulares habituales, excepto a Varas, ya que la Copa es cosa de Sergio, y al tocado Álex López. El técnico quiso apostar por la remontada y alineó a un equipo ofensivo que seguía un esquema de 4-3-3 con Bermejo reforzando a Aspas y a Park, pero con el cántabro intentando moverse también en labores de enganche.

Planteamientos

Unos a esperar, los otros a por el partido. El instinto de conservación guiaba al Almería, a pesar de que en los compases iniciales del choque salió a presionar a los celestes. Fue un espejismo. Pronto el esférico se pegó a los pies de los de Paco Herrera, con los andaluces más preocupados por no encajar que por buscar el tercero. Ya desde la primera parte el meta visitante Diego García no tuvo pudor a la hora de perder segundos cada vez que se presentaba la ocasión. Su apuesta conservadora, con la fortuna de su lado, funcionó 92 minutos y medio. Roberto Lago la tiró al suelo al forzar la prórroga con su gol.

El duelo

La redención llegó en la segunda parte. El Celta quería pasar a octavos, pero su intención no se mostró claramente hasta la segunda parte, cuando el equipo, con una marcha más, se enchufó, dominó a placer y consiguió con el gol de Park abrir la lata. Y es que en el primer tiempo los celestes, aún controlando el juego y generando peligro, no estuvieron finos. Hipotecaron su continuidad en la copa al segundo tiempo.

La defensa

Una tarde tranquila. El Almería estaba más ocupado en intentar no encajar que en buscar el tercero en la eliminatoria, por lo que la retaguardia celeste apenas tuvo trabajo. Las llegadas visitantes, en muchas ocasiones, se agotaban en los pies de los propios visitantes, imprecisos, romos y sin el hambre suficiente.

El ataque

Un recital de ocasiones. El Celta tuvo que exprimir el partido hasta la prolongación debido a la pelea que los vigueses tuvieron con la portería contraria. Y es que los pupilos de Herrera ofrecieron un monólogo ofensivo que unas veces se agotaba sin encontrar rematador y que otras se iba fuera por poco. Hugo Mallo, Augusto, Aspas o el propio Lago pudieron marcar. Al final, la lucha celeste tuvo su recompensa.

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